sábado, 6 de febrero de 2016

TEMA 8.

JEAN-JACQUES ROUSSEAU:

Jean-Jacques Rousseau.

EL HOMBRE:

1.1. Igualdad y desigualdad. 
La tesis que sostiene Rousseau es ésta: los hombres en estado de naturaleza son iguales, no existe más desigualdad que la natural (talento, estatura, peso, cualidades ...). ¿Qué es lo que ha hecho a los hombres desiguales? Es la propiedad, la sociedad política, el gobierno y la ley. En el momento en que se introduce la propiedad en lo social es cuando desaparece la igualdad. Además, la sociedad política “aplicó nuevas ataduras al pobre y dio nuevos poderes al rico: destruyó irrecuperablemente la libertad natural y fijó eternamente la ley de la propiedad y de la desigualdad.

1.2. Estado natural del hombre.
Rousseau distingue entre estado de naturaleza y estado social con el fin de distinguir lo que hay de originario y lo que hay de artificial en la naturaleza actual: El estado de naturaleza designa el supuesto estado o situación del hombre con anterioridad a su vida en la sociedad. Es el estado en que el hombre sería bueno y feliz, independiente, y libre, y guiado por el sano amor de sí mismo. El hombre es bueno por naturaleza. Rousseau no está designando un estado que exista o haya existido, es un concepto, mucho más que una realidad que pudo darse en un tiempo. El estado social designa la real situación presente en que se encuentra el hombre al vivir en esta sociedad. Aquí es donde el hombre se hace malo, está movido por el egoísmo, el ansia de tener (la propiedad) que le hace se el hombre artificial y se rige por la injusticia, la opresión y la falta de una auténtica libertad.

1.3. La libertad.
El hombre en estado natural es naturalmente bueno; y tiene en su entraña grabada una tendencia al bien y a la felicidad, no al mal. Si cada hombre en la sociedad une su voluntad a la de otro hombre y a la de otro, y así a la de todos los hombres de una sociedad, se forma una voluntad general nacida de una tendencia natural al bien y a la felicidad naturales de los hombres. Y claro, la tarea del legislador consiste en poner las leyes en conformidad con esa voluntad general y la tarea del ciudadano consiste en poner su voluntad particular en armonía con esa voluntad general. ¿Y dónde está en todo esto la libertad del individuo? Rousseau responde: los hombres son libres por naturaleza y se unen en sociedad para asegurar, no solo su propiedad y su vida, sino sobre todo su libertad. El verdadero contrato social ha de ser, pues, un contrato de libertad. ¿No es algo contradictorio decir que los hombres se hacen libres y se protegen de la sumisión convirtiéndose en súbditos? Rousseau responde: al obedecer a la ley un hombre se obedece a sí mismo, a su propia razón, a su propio juicio; está siguiendo su voluntad real. Seguir su propio juicio y su propia voluntad es lo mismo que ser un hombre libre. Por tanto, el ciudadano que obedece a la voluntad general es el hombre verdaderamente libre, porque obedece a una ley que expresa su propia voluntad real.


2. LA SOCIEDAD. “EL CONTRATO SOCIAL”. 

El individuo sólo puede ser libre en el seno de la comunidad. El problema está en que en esta sociedad concreta (la sociedad de su época, que es el objeto de su crítica) el hombre se encuentra en un estado casi salvaje, sin ley ni moralidad. Como la maldad de los hombres es debida a la maldad de la sociedad, los hombres sólo pueden ser buenos si se produce una reforma profunda de la sociedad. La crítica del injusto orden social y de la cultura no significa en Rousseau el retorno a un estado natural (en cuanto orden libre, sin trabas) o de barbarie, porque el hombre sólo en sociedad desarrolla su vida intelectual y moral. Se trata de la transformación del orden social establecido por la fuerza, en un orden establecido por leyes dadas por los hombres mismos en igualdad y libertad, es decir, un orden vivido en autonomía. Por tanto, para que el orden social sea legítimo y justificado, tendrá que fundarse en el acuerdo, en un contrato social. Los hombres tienen que unirse y fundar una asociación que proteja a las personas y a los bienes de cada uno, y en la que sigan siendo tan libres como antes. En esta sociedad se adquiere una forma de libertad superior a aquella de la que se disfruta en el estado de naturaleza. En la teoría de Rousseau, el contrato originario crea un soberano idéntico con las partes contratantes, tomadas colectivamente; y no se dice nada del gobierno. Para el gobierno es pura y simplemente el poder ejecutivo dependiente de la voluntad general. Así pues, aspira a un proyecto político en el que fueran compatibles la igualdad y la libertad aunque siempre bajo la autoridad de las leyes. Esas leyes que se las ha dado a sí mismo el pueblo, cuando ejerce la soberanía, al expresar la voluntad general.

TEMA 7.

IMMANUEL KANT:

Immanuel Kant.

EL CONOCIMIENTO:

Kant es un filósofo ilustrado que se caracteriza por un uso teórico de la razón, trata de determinar si es posible un conocimiento científico y riguroso que sea verdadero, al que se llegue mediante la razón. Y cuales son los límites de dicho conocimiento. También intenta responder a las preguntas ¿qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? ¿Qué es el hombre? Kant ve necesario someter a juicio a la razón, debido a las diversas interpretaciones que la dividen y ponen en duda su legitimidad. Entre estas interpretaciones encontramos: el dogmatismo racionalista, defiende que la razón reside en la razón al margen de la experiencia. El positivismo empirista reduce el conocimiento a la experiencia al margen de la razón. Y el irracionalismo que niega la existencia de la razón. Kant va más allá de estas interpretaciones y defiende el idealismo trascendental. Distingue sensibilidad, que es pasiva, que es la facultad de recibir impresiones, y el entendimiento, que es activo y es la facultad de unificar y crear conceptos al margen de la experiencia. Los conceptos que no derivan de la experiencia, son utilizados por el entendimiento para obtener juicios pero no pueden referirse a algo fuera de la experiencia. Intentando responder a las preguntas que se plantea, Kant intenta descubrir si es posible la metafísica como ciencia, es decir, si se puede conocer científicamente aspectos que vayan más allá de la experiencia, como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma o la libertad. Para ello Kant intenta determinar qué características hacen posible las ciencias, y si la metafísica se ajusta a estas condiciones, podrá considerarse como ciencia. Para descubrir dichas condiciones, Kant determina los tipos de juicios de las ciencias. Distingue los juicios analíticos, cuando el predicado está incluido en el sujeto. Y juicios sintéticos en los que el predicado no está comprendido en el sujeto. Para Kant estos son los juicios que ofrecen conocimiento. Además distingue dos modos de conocimiento. A priori, anterior e independiente a la experiencia, o a posteriori, derivado de ella. Finalmente, concluye que los juicios de la ciencia serán sintéticos y a priori. Nos aportan información y son a la vez universales y necesarios. Por tanto, las condiciones que hacen posibles las ciencias serán aquellas que hagan posibles los juicios sintéticos a priori. Kant enuncia estas condiciones en su crítica a la razón pura dividida en tres partes. Estética transcendental, Analítica transcendentarl y Dialéctica transcendental.
La Estética transcendental es el estudio de la sensibilidad, ya definida, y de las condiciones que hacen posible la existencia de las matemáticas como ciencia. Estas condiciones son el espacio y el tiempo. Kant las define como condiciones a priori de la sensibilidad, porque no son impresiones sensibles, sino la forma en que percibimos éstas. Independientemente de los sentidos y de la experiencia. Y rigen el conocimiento sensible. También las define como "intuiciones puras". Al definirlas como intuiciones subraya que no son conceptos, ya que no hay una pluralidad como en los conceptos, sino que son únicos. Y que al contrario que los conceptos, no son posteriores a la experiencia, sino condiciones de esta. Por último, puro significa vacío de contenido empírico. Espacio y tiempo no son más que dos coordenadas vacías en las que se ordenan las impresiones sensibles. El espacio y el tiempo son dos condiciones transcendentales, ya que son condiciones universales, necesarias y a priori que hacen posible la ciencia. Hacen posibles las matemáticas ya que son intuiciones puras. El espacio y el tiempo se ocupan, respectivamente, de la geometría y de la aritmética (ya que ésta se basa en la sucesión temporal). Las matemáticas pueden formular juicios sintéticos a priori porque el espacio y el tiempo son intuiciones puras a priori. De igual modo, el espacio y el tiempo son previos e independientes a los datos sensibles, por lo que las matemáticas también lo serán. Como todos los objetos de nuestra experiencia, se dan en el espacio y tiempo, en todos ellos se cumplirán los juicios de las matemáticas, por lo que serán necesarios y universales. El resultado de la espacio-temporalización de las sensaciones son los fenómenos, que son los objetos que conocemos, que se diferencian de los noúmenos que son los objetos en sí, sin espacio ni tiempo, ni categorías, que podemos pensar porque no ofrecen contradicción, pero no podemos llegar a conocer ya que se encuentran fuera de la experiencia. Nuestro conocimiento está limitado a los fenómenos.
La Analítica transcendental es el estudio del entendimiento y de las condiciones que hacen posible los juicios sintéticos a priori en la física. Como nombramos antes, diferencia entre sensibilidad y entendimiento. La función del entendimiento es comprender lo percibido. Función que se realiza mediante conceptos. Estos conceptos pueden ser empíricos, extraídos de la experiencia, son conceptos puros, a priori y condiciones transcendentales del conocimiento intelectual, ya que lo posibilitan unificando los datos de la experiencia sensible. Es decir, por medio del entendimiento, son pensados bajo la forma de categorías o conceptos puros del entendimiento (sustancia, causa, unidad, existencia). Las categorías son condiciones transcendentales del conocimiento de los fenómenos, ya que el entendimiento no puede pensarlos si no es aplicando estas categorías. El conocimiento sensible nos ofrece una pluralidad de datos que el entendimiento coordina aplicando las categorías para formular juicios. Esta función unificadora de las categorías es llamada "deducción transcendental de las categorías". Estas categorías han de llenarse con los datos procedentes del conocimiento sensible, si no, no nos ofrecen conocimiento. Es decir, las categorías sólo son fuente de conocimiento aplicadas a los fenómenos. Más allá de ellos, fuera de la experiencia, no tiene validez. En la analítica transcendental, Kant ocupa también la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en la física. Lo afirma, y para demostrarlo utiliza el principio de causalidad, que se basa en la categoría de causa. Que es un concepto que no depende de los sentidos, es previo a la experiencia, y por siguiente, a priori. Los fenómenos sólo pueden ser conocidos por entendimiento, si éste les aplica las categorías, por lo tanto las categorías se aplican a todos los fenómenos conocidos. Es, pues, universal y necesario. De la unión entre la sensibilidad con el entendimiento, surgirá el conocimiento, es decir, ara conocer son precisas las intuiciones que se dan a través de la sensibilidad y los conceptos del entendimiento  ("los conceptos son contenidos, son vacíos,  las intuiciones sin conceptos son ciegas").
La Dialéctica transcendental se encarga de la metafísica como ciencia así como del funcionamiento de la razón. En la dialéctica transcendental se niega la posibilidad de la metafísica como ciencia (entendida como un conjunto de proposiciones a cerca de realidades que están fuera de la experiencia). La aplicación de las categorías fuera de la experiencia es lógicamente ilegítima y da lugar a errores. La dialéctica transcendental muestra que tales errores provienen de pasar por alto la diferencia entre fenómeno y noúmeno. La dialéctica transcendental critica, pues, la pretensión de la razón y del entendimiento de alcanzar el conocimiento de los noúmenos, más allá de la experiencia. Esta aplicación de las categorías es lógicamente ilegítima, pero es también una tendencia inevitable de acuerdo con la naturaleza de la razón misma. La razón inevitablemente a la búsqueda de lo incondicionado, es decir, a alcanzar el conocimiento de aquello que se puede pensar pero no conocer ya que se encuentra más allá de la experiencia. Dios, el alma y el mundo como totalidad. La razón es la capacidad de conectar juicios en conocimientos y tiende a buscar juicios cada vez más generales en los que agrupar los demás. Así se constituye la ciencia. Esta tendencia nos lleva así a traspasar los límites de los datos sensibles en busca de lo incondicionado y, en último término, de las tres ideas de la razón (Dios, alma, mundo). Estas ideas no nos proporcionan conocimiento objetivo alguno, expresan sin embargo, el ideal de la razón de encontrar leyes y principios más general es cada vez. No pueden ser alcanzados pero nos indican que hay que seguir avanzando. Estas ideas nos llevan a un uso incorrecto de la razón, aplicándoles las categorías, y tratándoles como si fuesen objetos de la experiencia, cosas que no son. Así surgen los errores de la razón: Paralogismo, emite falsos silogismos sobre el alma. Antinomias, se emiten juicios contradictorios sobre el mundo, se puede demostrar una tesis y la contraria. Y el ideal de la razón, supone la existencia de Dios. Hay también un uso correcto de las ideas de la razón y consiste en organizar la experiencia en un sistema racional. El uso científico de la razón debe aferrarse, pues, a los fenómenos. Kant concluye que la metafísica no puede ser ciencia. Las ideas de la razón se refieren a los noúmenos, de los que no podemos tener conocimiento. Como conclusión, Kant afirma que el contenido de las ideas de la razón no puede hacerse mediante la razón en su uso teórico, sino en la razón práctica. Quedando así abierta la posibilidad de la moral y de la libertad.

LA ÉTICA:

La razón práctica (voluntad de querer algo y poner los medios para conseguirlo), se ocupa de saber cómo debe ser la conducta del ser humano, formula imperativos. Mientras que la ciencia trata lo que es, formulando juicios. Kant parte del hecho de la existencia de una ley moral universal, expresión de la razón humana. Mientras que las demás éticas son materiales, Kant propone una ética formal, y critica las anteriores. Las éticas materiales son aquellas que establecen un bien supremo para el ser humano, y la conducta humana será buena o mala en la medida en que se asemejen a dicho bien. Las critica porque son empíricas, a posteriori, dependen de la experiencia. Y él busca una ética universal, como de la experiencia no puede salir nada universal, no son válidas para él. Sus imperativos son hipotético, son condicionales, no son válidos siempre. Y son heterónomas, reciben las leyes desde fuera de la propia razón, lo que para Kant no es posible. La ética formal de Kant no establece ningún bien o fin supremo para el ser humano, no nos dice lo que tenemos que hacer, sino la forma en la que debemos obrar. Es, por tanto, una ética a priori, autónoma y sus imperativos son categóricos. Kant distingue máxima y ley, máxima es el principio individual y subjetivo de actuación de un individuo, y ley es el principio objetivo y universal. Para Kant, el único criterio que permite determinar el valor moral de una acción es la buena voluntad, que al actuar se inspira en el deber, y no en el interés personal. Una acción realizada por deber se contrapone a una acción contraria al deber, y se diferencia también de una acción conforme al deber. Ya que esta última carece de valor moral, porque la voluntad, aunque exteriormente ejecute el deber, persigue una intención distinta del propio cumplimiento del deber. Una acción realizada por deber es aquella que se ejecuta sólo por respeto al imperativo categórico, sin atender a ningún condicionamiento externo a dicha ley moral. Este imperativo categórico es la ley moral universalmente válida, presente en la razón del sujeto que le indica inconscientemente, de modo absoluto qué forma ha de adoptar su conducta para obrar moralmente bien. Es el máximo exponente de la autonomía moral del ser humano, ya que es libre de obrar porque obedece a su propia razón por lo que otorga dignidad como persona moral y le hace objeto de un absoluto respeto. Se opone a los imperativos hipotéticos de las éticas materiales que son condicionados, que están dirigidos y subordinados a obtener un fin. Kant ofrece dos formulaciones del imperativo categórico. El primero dice que debemos obrar tal y como obrarían los demás en nuestra situación, que nuestra máxima se convierta en ley. Y el segundo dice que debemos obrar de tal manera que usemos la humanidad como un fin y nunca como un medio. Estas dos formulaciones son formales, carecen de contenido empírico. No establecen normas, sino la forma de dichas normas. Kant establece los llamados postulados de la razón práctica, son proposiciones exigidas por la razón práctica desde el momento en que existe en ellas el imperativo categórico. Son la libertad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. Los ideales de la razón pura se convierten en postulados de la razón práctica. Pero sigue sin poder demostrarse su condición transcendental. Sólo es posible demostrar la existencia de la libertad, ya que para que el ser humano sea capaz de actuar por deber, deber ser libre. Sin libertad, no podría haber ética, y sí la hay. Demuestra así la existencia de la condición transcendental de la libertad. No consigue, sin embargo, demostrar la existencia de Dios, que lo propone como garantía de alcanzar el sumo bien, de que nuestra virtud sea recompensada con la felicidad. Ni la inmortalidad del alma, propuesta como garantía de que tras esta vida, habrá un progreso infinito hacia la virtud (obrar siempre bien). Estos tres postulados contestan a la pregunta de "qué puede esperar el ser humano", y el verdadero significado de las ideas de la razón. En la crítica a la razón pura, Kant demostró que se trata de noúmenos, impenetrables para el conocimiento científico, pero muy útiles para la utilidad práctica o moral de la razón.

TEMA 6.

DAVID HUME:

David Hume.

ELEMENTOS Y TIPOS DE CONOCIMIENTOS:

La característica principal de la filosofía de Hume es que es empirista. El empirismo es una corriente filosófica que sostiene que la experiencia es la fuente básica del conocimiento, por lo cual sólo se puede adquirir conocimiento a través de los métodos experimentales. Además, esto significa que no pueden existir ideas innatas en la mente.
Hume, aceptando que todos los conocimientos eran en un principio ideas de la mente, encuentra el término idea y lo sustituye por el de "percepción". Los conocimientos son percepciones de la mente. Ahora, no todos los conocimientos son iguales. Existen unos conocimientos más intensos, vivaces y detallados. A estos conocimientos los llama Impresiones, que se impone sin que el sujeto pueda evitarlo. A las impresiones (imágenes) debilitadas las llama ideas. Toda idea deriva de una impresión anterior. Todo el conocimiento se reduce pues, a las copias debilitadas de las impresiones, las ideas. No se puede conocer con certeza nada más allá de las percepciones. Todos los conocimientos del ser humano se poseen con orden y regularidad, debido a las leyes de asociación de ideas, que son tres: Semejanza, Contigüidad espacio-temporal, y Causalidad. Un objeto te hace pensar en otro que es semejante, el recuerdo de lo que ocurre después de llegar a un sitio es un ejemplo de contigüidad, y  saber la causa que tiene un efecto es causalidad. De acuerdo con esta clasificación, Hume distingue dos tipos de conocimiento. El conocimiento que establece relación de ideas y las organiza según el principio de semejanza. Es el campo de los conocimientos y la lógica. Son conocimientos verdaderos, rigurosos y válidos universalmente, constituyen la ciencia. Su verdad se puede descubrir por simple análisis, y son verdades analíticas. Y el conocimiento de hechos, que depende de la causalidad y la contigüidad. El conocimiento que proporciona es simple e individual y está limitado.

LA CAUSALIDAD:

La causalidad afirma que una cosa es causa de otra, pero no existe impresión alguna en que basar esta afirmación. Al establecer esta relación, la mente va más allá de lo que está presente, y pretende inferir una cosa o acontecimiento de su causa o su efecto. Para los filósofos clásicos, la relación causa-efecto era una relación necesaria, ya que se afirmaba que "todo lo que empieza, tiene una causa" y se tomaba esta afirmación como necesaria y evidente. Este es el principio de la causalidad. Se creía basada en la intuición y decían que no se podía poner en duda. Sin embargo Hume considera que el principio de causalidad no tiene valor por sí mismo a priori. Es decir, su validez sólo puede provenir de la experiencia y no existe ninguna experiencia de la causalidad. Si existiera dicha experiencia, se podría descubrir los efectos que tendría una causa la primera vez que fuese observada. Sólo la experiencia que muestra la constante unión de dos acontecimientos, permite inferir uno de otro, estableciendo de este modo la relación de causalidad. Esta constante unión lleva a pensar que existe una conexión necesaria entre causa y efecto, Hume descubre que sólo hay contigüidad y sucesión. La contigüidad está en la proximidad de los acontecimientos, y la sucesión en que la causa es anterior al efecto. Pero la contigüidad y sucesión no son causalidad. Un objeto puede ser contiguo y anterior a otro sin ser su causa, para que haya causalidad tiene que darse una conexión necesaria entre uno y otro. Como este principio de causalidad se establece por la experiencia, se ha de estudiar si la experiencia fija una conexión necesaria entre dos hechos. La experiencia tan sólo demuestra que ciertos fenómenos son contiguos y uno procede del otro. Nada más, no existe ninguna impresión de conexión necesaria. Por otra parte, se sabe que estos hechos suelen ocurrir siempre de la misma manera y esto es lo que lleva a hablar de causalidad aunque no esté justificada por la experiencia. Por esto se dice que la conexión necesaria no es más que un supuesto de experiencia. Por esto se dice que la conexión necesaria no es más que un supuesto de la experiencia. Los seres humanos creen en la causalidad e incluso es fundamental en su vida. Pero como se ha demostrado, la causalidad no existe. El origen de esta creencia es la costumbre y el hábito. Cuando dos cosas van habitualmente unidas, se espera que al ocurrir una, también ocurra la otra. Esta costumbre hace confiar en que el curso de la naturaleza seguirá siendo como hasta el presente. Como no se percibe alguna relación entre causa y efecto, Hume asume que no es posible afirmar la existencia de la causalidad, lo que hace legítima la relación causa-efecto.

CRÍTICA A LAS SUSTANCIAS CARTESIANAS:

Los seres humanos normalmente creen en la existencia de un mundo que está más allá de las impresiones y que es su origen. Además, este mundo debe tener una existencia continua e independiente. Hume sólo está dispuesto a aceptar aquello de lo que posee impresiones o que se deduzca de ellos. La existencia de un mundo exterior en las que se originaban las impresiones es fruto de una creencia poco racional. La existencia de sustancias externas a los sujetos es algo que se acepta por instinto y no por argumentación racional. Es obvio que de Dios no se poseen impresiones y tampoco se puede demostrar su existencia por medio de la causalidad, dado que no tiene valor alguna. Hume dice que no se puede saber racionalmente de la existencia de Dios y que Dios es una adivinanza y un misterio. Hume está dispuesto a aceptar sólo aquello de lo que tiene impresión, pero también se pregunta su existe impresión o experiencia del yo. La respuesta que obtiene es aparentemente sí, una persona tiene muchas impresiones. Pero, ¿es alguna de estas impresiones de ser yo? Hume afirma rotundamente que no. Se tiene impresión de cosas que pasan pero no del propio yo. Hay que contentarse con considerar el yo una pura colección de impresiones. Estas impresiones pueden cambiar, al igual que pueden hacerlo la relación pero el yo no cambia y sigue existiendo. Estas deducciones empiristas de Hume desembocan en el fenomenismo  y el escepticismo. El fenomenismo para Hume reduce el conocimiento de la realidad a aquello de lo que poseemos impresión. Esto significa que la mente no puede conocer la realidad, sino las percepciones que tenemos de ella. El escepticismo hace a Hume afirmar que nunca podremos tener certeza racional absoluta de muchas cosas, como pueden ser de las que no tenemos experiencia aún, o de las deducidas del principio de causalidad.

EMOTIVISMO MORAL:

Lo bueno y lo malo no procede de la conformidad con la razón, sino que depende del sentimiento. La moralidad es algo que tiene más que ver con el sentimiento que te hace sentir la acción que con un juicio de la razón. El bien es algo agradable, mientras que el mal es algo desagradable. Ahora bien, si se examina correctamente, se puede ver que una acción es buena porque produce placer. Es el sentimiento el que lleva a considerar este tipo de acciones buenas. No se dice que algo es agradable porque es bueno, sino que algo es bueno porque se considera agradable.
Estos sentimientos están tan arraigados en el ser humano que es imposible destruirlos. A esto es a lo que se le llama emotivismo moral. A pesar de esto, Hume admite que además del sentimiento se necesita de la intervención de la razón en la vida moral. Lo que pretende Hume es fundar la ética para determinar qué es lo bueno y qué lo malo. Las cualidades que provocan en los demás, un sentimiento de aprobación será lo bueno. Y lo malo vendrá dado por los comportamientos que originen reprobación. En el análisis de las cualidades, Hume llega a la conclusión de que los comportamientos que generan actitudes aprobatorias son aquellas que tienen en común la utilidad para la sociedad. Es la utilidad social lo que provoca el agrado, y se convierte en el fundamento último de la ética de Hume. Es pues, lo que determina la bondad de los actos humanos. Y si son los sentimientos los que hacen los actos útiles para la sociedad, es la razón la que señala qué tipos de actos benefician a la sociedad y en qué medida, con lo cual, a pesar de que su ética sea fundamentalmente emotiva, también atribuye una parte a la razón.

TEMA 5.

RENÉ DESCARTES:

René Descartes.

EL RACIONALISMO:

El racionalismo es una corriente filosófica que surge en Europa durante los siglos XVI y XVII, que afirma que todo lo que existe y todo conocimiento derivado de ello ha de surgir de la razón. Se entiende como razón la observación de los objetos sensibles como fuente de conocimiento. El objeto de conocimiento del realismo es el propio conocimiento. Se busca el verdadero conocimiento a partir de la razón (conocimiento racional). El máximo exponente de esta corriente fue Descartes. Éste afirma que al igual que la razón se puede aplicar a otros campos científicos, se podría aplicar a todos los seres humanos, puesto que la razón es una y la misma en todos los seres humanos. Desde este punto,  la inquietud de Descartes se centra en la búsqueda de un saber universal e igual para todos los seres humanos, que sea evidente y verdadero.

EL MÉTODO:

En busca de una verdad universal, Descartes inventa lo que se llama "El Método". Tiene su fundamento en el sujeto del conocimiento, entendido como razón, y así se debe usar la razón para encontrar las verdades universales. Estas verdades universales que se entienden como certeza, son aquellas afirmaciones de las que no se pueden dudar. Los conocimientos que no ofrecen duda pueden proceder de dos fuentes: experiencia y deducción. La experiencia puede ser engañosa, pero la deducción proporciona conocimientos absolutamente ciertos. Así, se dice que las verdades que no ofrecen duda son construidos por la razón, y es creación de la mente. El conocimiento que la mente crea con claridad y distinción son claros porque manifiestan plenamente lo que son y distintos porque están separados del resto de conocimientos. Descartes entiende por método el conjunto de reglas ciertas y fáciles que hacen imposible para quienes las observe tomar como verdadero lo falso. Estas reglas son: La de la evidencia, La del análisis, La de la síntesis y La de la enumeración. La regla de la Evidencia dice que no se ha de aceptar como verdadera ninguna cosa que no se conozca como evidencia y evitar así la precipitación. El acto por el cual llegamos a los conocimientos evidentes es la intuición. La ley del análisis consiste en dividir las cuestiones que se han de examinar en el mayor número de partes posibles y necesarias para su mejor solución. La regla de la síntesis consiste en conducir ordenadamente los pensamientos empezando por lo simple, para ir ascendiendo hasta el conocimiento compuesto. La regla de la enumeración consiste en hacer en todo enumeraciones y revisiones completas para que se esté seguro de no olvidar nada.

LA DUDA METÓDICA:

La regla del análisis exige reducir en partes simples el objeto. Así, Descartes debe poner en juicio todos los conocimientos. En la duda se pueden diferenciar dos niveles. El primero de ellos radica en los sentidos, los sentidos engañan con frecuencia, en el color, en el tamaño... como nos han engañado alguna vez, no es posible o prudente fiarse de ellos. Al dudar de todo lo que conoce por los sentidos, Descartes se queda sin todo lo que había conocido mediante estos. Este primer nivel de duda se confirma por la imposibilidad de distinguir vigilia y sueño. Se dice que no es posible distinguir sin duda alguna vigilia de sueño, y por lo cual, los sentidos no son fiables. Pero todavía hay un segundo nivel de duda, ya que existen una serie de conocimientos no afectados por el primero. Son los conocimientos de la nueva ciencia que Descartes lo fundamenta en el solo proceder de la mente y que se ponen en duda recurriendo a un artificio que afecta a la mente. Se trata de un Dios engañoso o a un Genio Maligno. Es una duda universal e hiperbólica, puesto que con ella se duda de la existencia tanto de lo físico como del conocimiento e, incluso, de la existencia del sujeto.

PRIMERA CERTEZA:

Debido a la duda metódica, Descartes no conoce si existen los objetos fuera de él e incluso si existe su cuerpo. También desconfía de las verdades matemáticas. Así, la única existencia que sí puede confirmar es el sujeto del conocimiento, puesto que si estoy dudando, estoy pensando. El fundamento de todo está en este sujeto entendido como pensamiento. Así razona su famosa frase " pienso, luego existo." que era tan firme y segura que los escépticos no pudieron refutarla. Esta frase se convirtió en el primer principio de la filosofía de Descartes. Éste explica que en su duda metódica decía que todo era falso, pero que necesitaba que él, que pensaba fuera alguna cosa y una materia pensante. Esta primera verdad se convierte en modelo y paradigma de toda verdad, en criterio de certeza. Descartes toma esta evidencia como modelo de toda evidencia y, por tanto, de toda verdad. Así, dice Descartes que las cosas que conocemos son aquellas que concebimos con claridad y distinción.

DIOS:

Hasta el momento, Descartes sólo ha admitido la existencia de él mismo como ser pensantes, pero al pensar, tenemos ideas que son de dos tipos: las ideas mentales o actos del pensamiento, y las ideas que representan un objeto. Estas últimas representan cada una un objeto distinto. Estas ideas existen en el alma humana, pero se quiere saber si lo que ellas representan, existen también fuera. De esta forma, Descartes lleva a cabo un análisis de los tipos de ideas y encuentra tres tipos: ideas adventicias, que parecen representar algo exterior, al sujeto, y están en la mente; ideas facticias, que representan cosas inventadas y no responden a la razón; e ideas innatas, que están siempre en la mente humana. Entre las ideas innatas está la de un ser infinito, Dios. Descartes utiliza varios argumentos para demostrar la existencia de Dios. El argumento ontológico dice que al existir una idea innata de infinito, exige la existencia de un ser sin limitaciones llamado Dios. Otro argumento es el de la finitud del yo. Descartes ha sido capaz de demostrar la existencia del yo, pero al ser un ser finito no se ha podido crear a sí mismo, y si así hubiese sido, se hubiese dotado de perfección, como la que tiene Dios. Por lo cual, el ser humano ha sido creado por un ser con todas las perfecciones, Dios. El tercer argumento es el de la causalidad, que dice que las ideas imperfectas han podido ser producidas por ideas imperfectas, pero que las ideas perfectas e infinitas, han debido ser creadas a causa de la propia perfección, representada en la idea de Dios. Una vez demostrada la existencia de Dios, Descartes sitúa en él el último fundamento de los conocimientos. Dios fundamenta la verdad de los conocimientos del ser humano, porque es imposible que Dios engañe, ya que es perfecto.

SUSTANCIA EXTENSA:

Descartes quiere saber cuál es la naturaleza de los cuerpos. Había encontrado la sustancia pensante del yo, que no necesita de ninguna otra cosa para existir, estableciendo su concepto de sustancia. La sustancia pensante es la primera sustancia, y es concebida por la razón. Junto a las sustancias pensantes encuentra a Dios, que se concibe desde su atributo de infinito, por lo cual es sustancia infinita. A él le corresponde propiamente la definición de sustancia, ya que él  es el único que no necesita de otra cosa para existir. Falta pues, explicar los cuerpos, Descartes reduce los cuerpos a una estructura, a orden y medida. Considera la materia sin sus otras cualidades, considerando sólo sus dimensiones que son las características que definen la extensión. Concibe así los cuerpos como sustancia extensa. Esto se toma como cierto ya que es evidente a la razón, y como queda demostrado con la existencia de Dios que no existe un Genio Maligno, no podemos engañarnos.

EL DUALISMO MENTE-CUERPO:

Para Descartes el universo es una gran máquina. Todo en él se reduce a extensión y movimiento. Como el universo en su conjunto, las plantas, los animales y el propio cuerpo humano son mecanismos. Los movimientos de los seres vivos obedecen a las mismas fuerzas que operan en el resto del universo. La posición que mantiene Descartes frente a los cuerpos, plantea el problema de la comunicación entre las sustancias, o la unión entre mente y cuerpo. La única respuesta que Descartes puede dar es Dios, éste creó de tal manera el mundo material que son válidos para él los conceptos e intuiciones de la mente humana. Descartes señala un lugar donde se realizará la unión entre el cuerpo y el alma humanos y se trata de la glándula pineal donde se unifican todas las sensaciones que producen los órganos de los sentidos.

lunes, 18 de enero de 2016

TEMA 4.

SANTO TOMÁS DE AQUINO:

Santo Tomás de Aquino.

RAZÓN Y FE:

Hasta la época de Tomás de Aquino lo más característico era subordunar los conocimientos racionales al ámbito de la fe, puesto que esta por sí misma no es suficiente para alcanzar la verdad, que es Dios. Se defendía que no había ninguna separación entre razón y fe, ambos colaboran para llegar a la verdad, dando prioridad a la fe. Sin embargo, en el siglo XII surge Averroes, que defiende que el dominio filosófico es completamente diferente de la fe. Defiende que filosóficamente puede ser verdadero lo contrario de lo que teológicamente aceptaba como verdad de fe. (Teoría de la doble verdad). Esto constituye el problema razón y fe que Aquino trata de resolver. Santo Tomás de Aquino sostiene la tesis de que la teología y filosofía se encuentran separadas. La filosofía verifica sus supuestos a través de los datos del mundo sensible, que obtiene por deducción sin necesidad de recurrir a la divinidad, mientras que la teología lo hace apoyándose en la revelación divina. Pero aún siendo ambos tipos de conocimientos diferentes, no existe conflicto entre ellos, ya que ambos proceden de Dios, y si lo hubiese, habría ocurrido un error en el razonamiento, ya que las verdades teológicas no pueden estar equivocadas. Afirma que hay verdades a las que se puede llegar tanto mediante la razón como mediante la fe. Ambas deben colaborar aunque sean independientes. La tarea de la razón será construir una teología natural desde la cual conocer aquello que previamente creemos gracias a la teología revelada (tipo de conocimiento cuyo origen, y por tanto fundamento, es la revelación divina, que no se puede negar, y constituye los preámbulos de la fe). Estas verdades son absolutas, ya que proceden de Dios, y este no nos puede engañar. Si mediante la teología natural ( razonamiento filosófico) se llegasen a conclusiones distintas que mediante la teología relevada, se deben negar. De esta manera la fe ayuda a la razón evitando que llegue a conclusiones equivocadas.

EL SER HUMANO Y EL CONOCIMIENTO:

Tomás de Aquino toma su teoría del ser humano de Aristoteles, aunque la modifica como consecuencia de su fe cristiana. afirma que el ser humano no es una unidad sustancial. El alma y el cuerpo no son dos sustancias diferentes unidas, sino que corresponden a una sola realidad, una única sustancia. El cuerpo es la materia que le da sustancia al ser humano, y el alma, la forma. Sin embargo, existe entre el cuerpo y el alma una cierta independencia, que le permite al alma no ser aniquilada con el cuerpo, ni tampoco ser destruida en sí misma. El alma puede existir con independencia del cuerpo cuando este muerte ya que el alma es inmortal. Se distinguen tres tipos de alma: vegetativa, sensitiva e intelectiva, en el alma hay memoria, entendimiento y voluntad, y las dos primeras se subordinan a la voluntad. El alma vegetativa se encarga de la nutrición y la reproducción. Y el alma sensitiva o apetitiva, de la irascibilidad y concupiscencia y el alma intelectiva se encarga del conocimiento por abstracción, esta última tiene una cierta independencia con el cuerpo y es exclusiva de los hombres.
El ser humano se encuentra en un universo de sustancias, cada una de las cuales está también formada por materia y forma. La materia individualiza mientras que la forma es universal, el verdadero conocimiento consiste en captar las formas, que se lleva a cabo mediante procesos de abstracción. Este proceso comienza por los sentidos, que captan los objetos particulares y crean una imagen de ellos en su imaginación. Mediante el entendimiento agente se consigue extraer únicamente la forma de estos objetos, que son convertidos en conceptos mediante el entendimiento paciente, lo que permite a la mente humana razonar gracias a ellos. Este proceso de abstracción lo toma de Aristóteles. Para Santo Tomás, el objeto del conocimiento humano es la verdad, definida como la adecuación entre la realidad o cosa y el entendimiento, en otras palabras, que se correspondan exactamente a la realidad con los conceptos de nuestra mente. Esta verdad es única ya que procede de Dios.

DIOS:

La existencia de este Dios es, para Tomás de Aquino, necesaria y posible. Es necesaria, porque la existencia de Dios no es evidente para el ser humano. La naturaleza divina es distinta a la nuestra, y no llegamos a entenderla, por lo que necesitamos explicar su existencia por medio de cosas más conocidas por nosotros, porque siempre que sea posible, es mejor comprender que creer. Y es posible porque el ser humano apoyándose en las cosas sensibles, que son de nuestra misma naturaleza, encontramos apoyo para demostrar la existencia de Dios mediante la causalidad, por medio de los efectos de Dios, podemos conocerle a él, que es nuestra causa. Para demostrar la existencia de Dios, Tomás de Aquino desarrolla cinco vías, todas ellas con una misma estructura. Se comienza partiendo de la observación de un hecho, del que no tenemos explicación y deseamos buscarla, así que buscamos sus causas, su causa está causada a su vez por otra causa, y se procedería hasta el infinito, pero para evitarlo, se niega la posibilidad de una serie infinita de causas, por lo que coloca a Dios como causa final. La primera Vía es la del movimiento, tiene su base en la teoría Aristotélica del motor inmóvil, se parte del hecho de experiencia que supone el movimiento, el cambio. Las cosas del mundo se mueven, y para ello necesitan de otra cosa que las mueva, ya que nada puede ser motor de sí mismo, de esta manera se procedería hasta el infinito siendo una cosa motor de otra pero como es imposible una serie infinita de causas, se debe admitir la existencia de un primer motor, que no necesite de otro y lo sea de todo lo demás, este motor último es Dios. La segunda Vía es la vía de la causalidad eficiente, también tiene su base en Aristóteles, arranca del hecho de que todas las causas de este mundo están a su vez causadas, ninguna causa puede ser causa de sí misma, por lo que su causa será una ajena a ella y la causa de esta otra, como no es posible infinitas causas, es necesario una primera causa eficiente, Dios. La tercera Vía es la Vía de la contingencia, vemos en la naturaleza cosas que existen y que pueden no existir. Todo lo que tiene posibilidad de no existir es porque hubo un tiempo en el que no existió, de esta manera, consideraríamos que hubo un tiempo en que nada existía, pero de la nada, nada procede, ha de existir un ser necesario que no puede dejar de existir. Este Ser necesario puede tener su origen en otro ser necesario, y este a su vez en otro, pero eso sería una serie infinita de causas, lo que no es posible, por lo que debe haber un único ser necesario, Dios. La cuarta Vía es la de los grados de perfección, en la naturaleza encontramos cosas más o menos perfectas, para determinar si una cosas es más o menos perfecta necesitamos de un criterio de perfección, una base con existencia real para que nuestros juicios tengan sentido. Existe un ser que posee en sí mismo todas las perfecciones y que nos sirve como criterio, un objeto es más o menos perfecto en la medida en que se parezca a él. Este ser infinitamente perfecto no puede ser otro que Dios. Y, por último, la quinta Vía es la vía del orden del universo, observamos que todas las cosas en la naturaleza, incluso aquellas que carecen de conocimiento, obran con una finalidad, esto nos lleva a suponer que hay un ser que obra por estas cosas, una primera inteligencia ordenadora de la finalidad de las cosas, Dios. Demostrada su existencia, Dios puede ser conocido por la razón, Dios es el existir puro, la plenitud absoluta, por lo que es infinito, como ser infinito, no puede faltarle nada, por lo que no se concibe en él ningún cambio, en definitiva, Dios es inmutable, eterno y posee todas las perfecciones. Aquino establece la distinción entre esencia y existencia, la esencia es lo que algo es, su definición y con la existencia nos referimos al hecho de existir. Las esencias pueden o no existir, confirmamos que en su esencia no se encuentra la existencia, estos son los seres contingentes, pero hay un ser necesario, en cuya esencia está la existencia, Dios. Al demostrar su existencia y afirmar que Dios es causa de todo, afirma por lo tanto que el mundo ha sido creado por Dios y que éste lo conserva continuamente.

LA ÉTICA. LA LEY NATURAL:

La ética de Santo Tomás se basa en la ley natural, que es la expresión en la naturaleza humana de la ley eterna prescrita por Dios. La razón humana capta las obligaciones morales inscritas en nuestra naturaleza creando la ley natural. Esta moral es teológica, obra por un fin, y este fin, para los seres humanos es la felicidad entendida como trascendencia. La naturaleza humana es fuente de normas, por lo que las conductas buenas serán aquellas que perfeccionen dicha naturaleza. El ser humano tiene una tendencia natural cuyo cumplimiento conduce al bien, mediante la razón, a partir de estas tendencias se deducen las normas de la ley natural. El ser humano tiende naturalmente a conservar la vida, existencia, por tanto es un deber moral conservar la vida. Como animal se ve inclinado a conservar la especie, de lo que deriva el deber moral de la proclamación y la crianza de los hijos. Y por último, como ser racional, se ve inclinado a la verdad y a vivir en sociedad, por lo que tiene el deber moral de buscar la verdad y ser justo. Esta ley natural tiene una serie de características, es evidente, universal e inmutable. la ley natural es parte de la ley eterna, la ordenación divina de la naturaleza. Pero esta ley eterna a diferencia que al resto de los seres vivos no obliga la conducta del ser humano, ya que este, está dotado de libertad y razón. Por último, la ley positiva está constituida por el conjunto de normas particulares descubiertas por la razón humana orientadas a la vida en sociedad.

domingo, 15 de noviembre de 2015

TEMA 3.

SAN AGUSTÍN DE HIPONA:

San Agustín de Hipona.

RAZÓN Y FE:

San Agustín de Hipona es un religioso filósofo de la Edad Media, durante esta época se plantea un problema, la relación entre razón y fe, si una persona es creyente, y gracias a su fe puede contestar todas las preguntas existenciales que propone la filosofía, ¿tiene sentido que se dedique a la razón?¿Y si la razón y la fe proporcionan respuestas diferentes? San Agustín resuelve este problema afirmando que razón y fe tienen ambas como misión común el esclarecimiento de la verdad única, la cristiana. Para conocer la verdad cristiana, razón y fe colaboran, la razón ayuda al ser humano a alcanzar fe, ya que ésta debe ir siempre precedida de un trabajo de razón, después la fe orienta e ilumina a la razón, y finalmente la razón contribuye al esclarecimiento de los contenidos de la fe, la filosofía ayuda al creyente a profundizar en la fe, permitiéndole alcanzar la filosofía. Como conclusión San Agustín expone: "Comprender para creer, creer para comprender.", que expresa perfectamente la colaboración fe-razón.

EL SER HUMANO:

San Agustín para hablar del ser humano se basa en la visión platónica de éste, el auténtico yo es el alma, el cuerpo es una cárcel, aunque como creyente "sabe" y se ve obligado a afirmar que el ser humano es unidad de cuerpo y alma.
Piensa que hay dos grados esenciales distintos de realidad. La realidad que no admite mutación y la que cambia. Dios, en el que no hay cambi ni mutación, y el mundo de las realidades creadas en el que sí se da el cambio. Dentro de este mundo hay dos tipos de cambio, las realidades que cambian en el espacio y en el tiempo, como el cuerpo; y otros que sólo lo hacen en el tiempo, como el alma, que constituye una realidad entre lo mutable y lo inmutable, de ahí su primacía con respecto al cuerpo. Ya que esta se relaciona con la divinidad, manda al cuerpo y se manda a sí misma. Para llevar a cabo esta relación con la divinidad, intervienen: la razón superior que comunica el alma con la divinidad; y la razón inferior que informa al cuerpo y entronca con la divinidad. El modo de ser de cada individuo tiene su origen en el alma, la cual posee tres facultades: memoria, entendimiento y voluntad. El nacimiento de cada ser humano es original e irrepetible, y por su origen es bueno, aunque defectuoso por el pecado original, y el ser humano se encuentra inclinado hacia el mal.

CONOCIMIENTO:

San Agustín piensa que un conjunto de estímulos modifican un órgano sensorial produciendo percepción. Esa modificación no llega al alma ya que eso supondría que lo inferior puede influir en lo superior y no es así. Pero el alma percibe esa modificación que se ha producido en los sentidos y elabora de su propia sustancia una imagen semejante a la del objeto. Este tipo de conocimiento se caracteriza por su inestabilidad, por lo que no constituye el conocimiento auténtico que se caracteriza por ser universal, necesario e inmutable. Existe, pues, otro conocimiento, que es el conocimiento verdadero, se trata del conocimiento intelectual, llevado a cabo por el entendimiento humano, y que consiste en la captación de verdades universales, necesarias e inmutables. Ya que el ser cristiano no puede recurrir como Platón a una vida del alma anterior a la unión con el cuerpo, admite que en el interior del ser humano hay una realidad necesaria, inmutable y eterna, Dios que es la fuente del conocimiento intelectual. El ser humano conoce las verdades necesarias, inmutables y universales por una iluminación divina, se las revela Dios, es la llamada teoría de la iluminación.
En el alma hay que distinguir entre Razón Inferior, que informa al cuerpo y entronca con la mutabilidad, que tiene como objeto la ciencia del entorno físico y mutable. Y la Razón Superior que se comunica con la divinidad y que tiene como objeto lo inteligible, las Ideas con el fin de poder elevarse hasta Dios. Esta razón superior es la encargada de comunicarse con la divinidad, y donde se produce la iluminación. Es pues, previo y necesario para el conocimiento de Dios. Este conocimiento auténtico lleva al ser humano más allá de sí mismo, hace que auto-transcienda en un proceso que tiene tres momentos: el apartarse del mundo material, adentrarse en el alma y el salto a la transcendencia, a Dios.

LA REALIDAD:

El Dios de Agustín de Hipona se presenta como una realidad a la vez íntima y trascendente al pensamiento y con presencia en el interior del ser humano "Dios es más íntimo al ser humano que el ser humano mismo" la prueba de la existencia de Dios es la presencia en el ser humano de verdades universales, necesarias e inmutables, puesto que ellas exigen la existencia de un ser de sus mismas características que explique su origen.
Este Dios del que hablamos, ha creado el mundo, caracterizado por el orden, en el que vivimos. Dios contiene externamente en sí los modelos arqueotipos de todos los seres posibles, por lo que para crear el mundo, Dios no ha tenido más que quererlo, decirlo y hacerlo, de una vez, sin sucesión de tiempo, ya que esta categoría pertenece al mundo creado pero no a él.

 ÉTICA:

El ser humano se caracteriza por una actitud de búsqueda que le lleva a autotrascencerse, se da en el ámbito del saber, permitiéndole descubrir a Dios en su interior y permitiéndole llegar al bien. Ese impulso se da también en el ámbito del querer, de la voluntad.
El ser humano busca la felicidad, pero no la puede encontrar en sí mismo, por eso se ve obligado a autotrascenderse también en este ámbito, ya que sólo algo puede suprar a él, Dios le puede hacer feliz. Pero el ser humano es desde su nacimiento, libre, debe elegir libremente si seguir a Dios, llegando a ser feliz, o seguir bienes mutables como objetivo de su vida en lugar de tender al bien inmutable, alejándose así libremente de la felicidad. Esta libertad humana da origen al mal. El mal no es una realidad positiva, si no una privación, ausencia de bien, al no ser algo real, no puede tener su origen en Dios, si no, como ya se nombra antes, en la libertad.

 SOCIEDAD:

Agustín de Hipona adopta ante la historia una perspectiva moral. El objetivo del ser humano en la vida es buscar la felicidad, que puede buscar, acertadamente, en Dios, o en bienes mutables, así puede distinguir dos clases de personas. Las que "se aman a sí mismos hasta el desprecio de Dios" y lo que "aman a dios hasta el desprecio de sí mismos". Los primeros constituyen la ciudad terrenal, en la que se busca el bien común, pero renegando de Dios. Y los segundos configurar la cuidad celeste, en la que se buscar el amar a Dios y la felicidad en él. Estas dos ciudades no se encuentran separadas, ni se relacionan una con la Iglesia y otra con el Estado, sino que se encuentran mezcladas en todas las sociedades. Los Gobernantes de las ciudades deben encargarse de organizar la convivencia entre los ciudadanos de manera pacifica, y tratando que todos tengan acceso a los bienes temporales. Deben tratar a los súbditos como hijos, y comprender tres funciones mandato, permisión, y consejo. Ambas ciudades tienen un fin último o bien supremo, la paz, que es un bien por sí misma, deseada por todos los seres humanos. Ya que el ser humano además de ser social por naturaleza, busca la paz también por naturaleza. La diferencia entre los dos ciudadanos en relación con la paz radica en que mientras que la ciudad terrenal la busca como un fin en sí mismo, la ciudad celestial, la busca como medio para alcanzar a Dios, la paz eterna y la redención.

lunes, 9 de noviembre de 2015

TEMA 2.

ARISTÓTELES:

Aristóteles.

LA REALIDAD Y EL CAMBIO. 

Aristóteles, siguiendo a Sócrates y Platón, defiende que el ser humano está hecho para la ciencia y que ésta constituye un conjunto de afirmaciones necesarias, inmutables y eternas. Trata de fundamentar esta postura pero en una dirección distinta, ya que la de su maestro plantea una serie de problemas que este soluciona trasladando la dualidad de mundos platónica al interior de las cosas mismas. Para Aristóteles, lo real sólo se puede explicar mediante una unión indivisible entre la Idea, la forma y la materia física. Todas las cosas están constituidas por dos principios: LA FORMA, es el elemento que lo configura, no se trata de su figura geométrica, sino del factor específico que les impone una determinada estructura inteligible, le proporciona una esencia y unas actividades determinadas. LA MATERIA consiste en sus elementos físicos, de aquello de lo que están hechos, la materia de todos los seres es siempre la misma y se constituye de tierra, agua, aire y fuego. La materia y la forma solo se distinguen mediante abstracción, puesto que componen una verdad única. Así pues, para Aristóteles lo real es lo individual, el ser que tiene una unidad intrínseca entre materia y forma, la sustancia individual. La característica esencial de este ser individual es el cambio, hay cuatro tipos: Sustancial, conversión de una realidad en otra; Cuantitativo, aumento o disminución física del objeto; Cualitativo, mutación o alteración en las cualidades de un cuerpo; y Local o cambio de lugar en el espacio. Aristóteles intenta descifrar cómo se produce el cambio, para ello son necesarios tres principios, un sustrato, una forma y una privación. En todo cambio hay algo que permanece, es el sustrato; y sobre él se produce el cambio, el sustrato adquiere mediante el cambio una forma de la que antes se encontraba privado. Para explicarlo mejor, Aristóteles emplea dos términos: Acto y Potencia. Potencia es poder ser, capacidad para poder llegar a ser algo que es por naturaleza y acto es ser actualmente, características dadas que constituyen cada ser en un momento determinado. Movimiento es, pues, el paso de la potencia (poder ser) al acto (ser). También trata de explicar por qué se produce el cambio. Distingue cuatro tipos de causas: dos intrínsecas que son la causa material, constituida por la materia o sustrato en el que se produce el cambio, y la causa formal, viene dado por la forma, aquello a lo que se llega en el cambio. Y dos extrínsecas que son la causa eficiente o el iniciador que pone en marcha el proceso; y la causa final, aquello para lo que se produce el cambio, puesto que Aristóteles tiene una visión teológica (finalista) del mundo, Aristóteles piensa que es necesario un motos que ponga en marcha el proceso del cambio. Pero si el motor de cada ser individual necesita de otro para poder moverse, y éste a su vez de otro, etc. No se puede proceder así hasta el infinito, por lo que es necesario admitir la presencia de un motor inmóvil que no necesite de otro para ser movido y que carezca de potencia (acto puro).

EL SER HUMANO. 

Aristóteles difiere con su maestro en cuanto al problema del ser humano, para éste el alma humana está tan ligada al cuerpo que hasta desaparece con él, el alma no es sino la forma del cuerpo. Es pues, acto y forma. El cuerpo, por su parte, es instrumento, materia, potencia. El alma no es un ser que pueda subsistir por sí mismo. El alma no es una sustancia, la única sustancia, y lo único realmente auténtico es el ser humano como unión entre cuerpo y alma.
Al definirse el alma como vida, todos los seres vivos tienen alma. Los seres humanos poseen alma racional; los animales, alma sensible; y las plantas, alma vegetativa. Se trata de realidades distintas, cada una de las cuales se caracteriza por su función específica, teniendo la facultad superior todas las cualidades de las anteriores más las suyas propias.

EL CONOCIMIENTO. 

Aristóteles piensa que hay una continuidad total entre el conocimiento sensible y el intelectual, el conocimiento sensible es el origen de todo conocimiento humano. El conocimiento sensible (alcanzado por los sentidos) es la base del conocimiento intelectual (alcanzado por la razón). Es decir, proporciona los materiales que van a servir para la elaboración del conocimiento intelectual, por lo tanto, cuando Aristóteles habla de la primacía del conocimiento intelectual sobre el sensible, se refiere a una primacía de importancia, no temporal. Lo universal se obtiene de lo particular mediante un proceso de abstracción: Cuando el ser humano capta por los sentidos un objeto, se crea una imagen individual del objeto en su materia, pero el entendimiento agente vuelca su actividad sobre esa imagen, descubriendo su forma. El entendimiento agente llena al acto la universalidad que está presente en la imagen. Después pasa la forma extraída de la imagen al entendimiento pasivo que consigue conocer lo universal.


ÉTICA:

Aristóteles afirma que cada actividad tiende a un fin, y que las actividades humanas persiguen fines muy diversos, pero el fin último del ser humano es la felicidad, puesto que esta se busca por sí misma, mientras que las demás cosas se buscan para tratar de alcanzarla. La felicidad se identifica con el amor, la fama, la riqueza y la salud, pero no reside en estas cosas, sólo es un medio para alcanzarla, ya que todas estas cosas son necesarias para poder ser feliz. Lo que de verdad proporciona felicidad es una realización que le es propia a cada individuo. La felicidad es saber vivir conforme a la virtud, la excelencia en la realización de la función propia.
Puesto que hay dos tipos de almas, hay dos tipos de virtudes. En relación con la parte apetitiva o volitiva, el alma se da la virtud moral o ética, que es el hábito de decidir lo mejor, para ello debe buscar el término medio adecuado entre dos extremos, uno por defecto y otro por exceso, que constituyen dos vicios. En relación con la parte pensante del alma hablamos de virtudes intelectuales, que pueden ser de dos tipos. Prácticas, la prudencia, que es la virtud que le dice al ser humano cuál es el término medio adecuado, marca el rumbo de la virtud ética o moral. Y virtudes intelectuales, como la contemplativa, a ella corresponden las actividades más elevadas del ser humano (razón), tiene como objetivo la captación de la verdad, la sabiduría. La sabiduría no sirve para nada más allá de sí misma, es un fin en sí misma (un bien), por eso constituye el fin más elevado al que el ser humano se puede dedicar, y la máxima felicidad.

POLÍTICA:

El ser humano es un ser social por naturaleza, posee lenguaje, la palabra, y puesto que la naturaleza no hace nada sin razón, que los seres humanos tengan palabra, debe tener alguna finalidad, que es diferenciar mediante el diálogo lo justo de lo injusto, y los valores morales, aspectos que sólo tienen sentido dentro de la sociedad, por tanto el hombre es un ser social por naturaleza. El hombre no puede ser insocial por naturaleza, ya no sería un hombre, sería o una bestia o un Dios. La polis, la ciudad estado es la sociedad "perfecta" autosuficiente, es posterior temporalmente al individuo, la familia y la aldea, aunque lógicamente es anterior a todas ellas (en cuanto a importancia), ya que "el conjunto es necesariamente anterior a las partes". Para Aristóteles lo más importante es que las ciudades proporcionen seguridad a sus habitantes para poder vivir bien. Establece tres tipos de organización posibles: monarquía, aristrocacia y democracia cuando se encargan del bien común, que se vuelven injustas y se transforman en: tiranía, oligarquía y demagogia cuando piensan en el bien propio.