sábado, 6 de febrero de 2016

TEMA 7.

IMMANUEL KANT:

Immanuel Kant.

EL CONOCIMIENTO:

Kant es un filósofo ilustrado que se caracteriza por un uso teórico de la razón, trata de determinar si es posible un conocimiento científico y riguroso que sea verdadero, al que se llegue mediante la razón. Y cuales son los límites de dicho conocimiento. También intenta responder a las preguntas ¿qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? ¿Qué es el hombre? Kant ve necesario someter a juicio a la razón, debido a las diversas interpretaciones que la dividen y ponen en duda su legitimidad. Entre estas interpretaciones encontramos: el dogmatismo racionalista, defiende que la razón reside en la razón al margen de la experiencia. El positivismo empirista reduce el conocimiento a la experiencia al margen de la razón. Y el irracionalismo que niega la existencia de la razón. Kant va más allá de estas interpretaciones y defiende el idealismo trascendental. Distingue sensibilidad, que es pasiva, que es la facultad de recibir impresiones, y el entendimiento, que es activo y es la facultad de unificar y crear conceptos al margen de la experiencia. Los conceptos que no derivan de la experiencia, son utilizados por el entendimiento para obtener juicios pero no pueden referirse a algo fuera de la experiencia. Intentando responder a las preguntas que se plantea, Kant intenta descubrir si es posible la metafísica como ciencia, es decir, si se puede conocer científicamente aspectos que vayan más allá de la experiencia, como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma o la libertad. Para ello Kant intenta determinar qué características hacen posible las ciencias, y si la metafísica se ajusta a estas condiciones, podrá considerarse como ciencia. Para descubrir dichas condiciones, Kant determina los tipos de juicios de las ciencias. Distingue los juicios analíticos, cuando el predicado está incluido en el sujeto. Y juicios sintéticos en los que el predicado no está comprendido en el sujeto. Para Kant estos son los juicios que ofrecen conocimiento. Además distingue dos modos de conocimiento. A priori, anterior e independiente a la experiencia, o a posteriori, derivado de ella. Finalmente, concluye que los juicios de la ciencia serán sintéticos y a priori. Nos aportan información y son a la vez universales y necesarios. Por tanto, las condiciones que hacen posibles las ciencias serán aquellas que hagan posibles los juicios sintéticos a priori. Kant enuncia estas condiciones en su crítica a la razón pura dividida en tres partes. Estética transcendental, Analítica transcendentarl y Dialéctica transcendental.
La Estética transcendental es el estudio de la sensibilidad, ya definida, y de las condiciones que hacen posible la existencia de las matemáticas como ciencia. Estas condiciones son el espacio y el tiempo. Kant las define como condiciones a priori de la sensibilidad, porque no son impresiones sensibles, sino la forma en que percibimos éstas. Independientemente de los sentidos y de la experiencia. Y rigen el conocimiento sensible. También las define como "intuiciones puras". Al definirlas como intuiciones subraya que no son conceptos, ya que no hay una pluralidad como en los conceptos, sino que son únicos. Y que al contrario que los conceptos, no son posteriores a la experiencia, sino condiciones de esta. Por último, puro significa vacío de contenido empírico. Espacio y tiempo no son más que dos coordenadas vacías en las que se ordenan las impresiones sensibles. El espacio y el tiempo son dos condiciones transcendentales, ya que son condiciones universales, necesarias y a priori que hacen posible la ciencia. Hacen posibles las matemáticas ya que son intuiciones puras. El espacio y el tiempo se ocupan, respectivamente, de la geometría y de la aritmética (ya que ésta se basa en la sucesión temporal). Las matemáticas pueden formular juicios sintéticos a priori porque el espacio y el tiempo son intuiciones puras a priori. De igual modo, el espacio y el tiempo son previos e independientes a los datos sensibles, por lo que las matemáticas también lo serán. Como todos los objetos de nuestra experiencia, se dan en el espacio y tiempo, en todos ellos se cumplirán los juicios de las matemáticas, por lo que serán necesarios y universales. El resultado de la espacio-temporalización de las sensaciones son los fenómenos, que son los objetos que conocemos, que se diferencian de los noúmenos que son los objetos en sí, sin espacio ni tiempo, ni categorías, que podemos pensar porque no ofrecen contradicción, pero no podemos llegar a conocer ya que se encuentran fuera de la experiencia. Nuestro conocimiento está limitado a los fenómenos.
La Analítica transcendental es el estudio del entendimiento y de las condiciones que hacen posible los juicios sintéticos a priori en la física. Como nombramos antes, diferencia entre sensibilidad y entendimiento. La función del entendimiento es comprender lo percibido. Función que se realiza mediante conceptos. Estos conceptos pueden ser empíricos, extraídos de la experiencia, son conceptos puros, a priori y condiciones transcendentales del conocimiento intelectual, ya que lo posibilitan unificando los datos de la experiencia sensible. Es decir, por medio del entendimiento, son pensados bajo la forma de categorías o conceptos puros del entendimiento (sustancia, causa, unidad, existencia). Las categorías son condiciones transcendentales del conocimiento de los fenómenos, ya que el entendimiento no puede pensarlos si no es aplicando estas categorías. El conocimiento sensible nos ofrece una pluralidad de datos que el entendimiento coordina aplicando las categorías para formular juicios. Esta función unificadora de las categorías es llamada "deducción transcendental de las categorías". Estas categorías han de llenarse con los datos procedentes del conocimiento sensible, si no, no nos ofrecen conocimiento. Es decir, las categorías sólo son fuente de conocimiento aplicadas a los fenómenos. Más allá de ellos, fuera de la experiencia, no tiene validez. En la analítica transcendental, Kant ocupa también la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en la física. Lo afirma, y para demostrarlo utiliza el principio de causalidad, que se basa en la categoría de causa. Que es un concepto que no depende de los sentidos, es previo a la experiencia, y por siguiente, a priori. Los fenómenos sólo pueden ser conocidos por entendimiento, si éste les aplica las categorías, por lo tanto las categorías se aplican a todos los fenómenos conocidos. Es, pues, universal y necesario. De la unión entre la sensibilidad con el entendimiento, surgirá el conocimiento, es decir, ara conocer son precisas las intuiciones que se dan a través de la sensibilidad y los conceptos del entendimiento  ("los conceptos son contenidos, son vacíos,  las intuiciones sin conceptos son ciegas").
La Dialéctica transcendental se encarga de la metafísica como ciencia así como del funcionamiento de la razón. En la dialéctica transcendental se niega la posibilidad de la metafísica como ciencia (entendida como un conjunto de proposiciones a cerca de realidades que están fuera de la experiencia). La aplicación de las categorías fuera de la experiencia es lógicamente ilegítima y da lugar a errores. La dialéctica transcendental muestra que tales errores provienen de pasar por alto la diferencia entre fenómeno y noúmeno. La dialéctica transcendental critica, pues, la pretensión de la razón y del entendimiento de alcanzar el conocimiento de los noúmenos, más allá de la experiencia. Esta aplicación de las categorías es lógicamente ilegítima, pero es también una tendencia inevitable de acuerdo con la naturaleza de la razón misma. La razón inevitablemente a la búsqueda de lo incondicionado, es decir, a alcanzar el conocimiento de aquello que se puede pensar pero no conocer ya que se encuentra más allá de la experiencia. Dios, el alma y el mundo como totalidad. La razón es la capacidad de conectar juicios en conocimientos y tiende a buscar juicios cada vez más generales en los que agrupar los demás. Así se constituye la ciencia. Esta tendencia nos lleva así a traspasar los límites de los datos sensibles en busca de lo incondicionado y, en último término, de las tres ideas de la razón (Dios, alma, mundo). Estas ideas no nos proporcionan conocimiento objetivo alguno, expresan sin embargo, el ideal de la razón de encontrar leyes y principios más general es cada vez. No pueden ser alcanzados pero nos indican que hay que seguir avanzando. Estas ideas nos llevan a un uso incorrecto de la razón, aplicándoles las categorías, y tratándoles como si fuesen objetos de la experiencia, cosas que no son. Así surgen los errores de la razón: Paralogismo, emite falsos silogismos sobre el alma. Antinomias, se emiten juicios contradictorios sobre el mundo, se puede demostrar una tesis y la contraria. Y el ideal de la razón, supone la existencia de Dios. Hay también un uso correcto de las ideas de la razón y consiste en organizar la experiencia en un sistema racional. El uso científico de la razón debe aferrarse, pues, a los fenómenos. Kant concluye que la metafísica no puede ser ciencia. Las ideas de la razón se refieren a los noúmenos, de los que no podemos tener conocimiento. Como conclusión, Kant afirma que el contenido de las ideas de la razón no puede hacerse mediante la razón en su uso teórico, sino en la razón práctica. Quedando así abierta la posibilidad de la moral y de la libertad.

LA ÉTICA:

La razón práctica (voluntad de querer algo y poner los medios para conseguirlo), se ocupa de saber cómo debe ser la conducta del ser humano, formula imperativos. Mientras que la ciencia trata lo que es, formulando juicios. Kant parte del hecho de la existencia de una ley moral universal, expresión de la razón humana. Mientras que las demás éticas son materiales, Kant propone una ética formal, y critica las anteriores. Las éticas materiales son aquellas que establecen un bien supremo para el ser humano, y la conducta humana será buena o mala en la medida en que se asemejen a dicho bien. Las critica porque son empíricas, a posteriori, dependen de la experiencia. Y él busca una ética universal, como de la experiencia no puede salir nada universal, no son válidas para él. Sus imperativos son hipotético, son condicionales, no son válidos siempre. Y son heterónomas, reciben las leyes desde fuera de la propia razón, lo que para Kant no es posible. La ética formal de Kant no establece ningún bien o fin supremo para el ser humano, no nos dice lo que tenemos que hacer, sino la forma en la que debemos obrar. Es, por tanto, una ética a priori, autónoma y sus imperativos son categóricos. Kant distingue máxima y ley, máxima es el principio individual y subjetivo de actuación de un individuo, y ley es el principio objetivo y universal. Para Kant, el único criterio que permite determinar el valor moral de una acción es la buena voluntad, que al actuar se inspira en el deber, y no en el interés personal. Una acción realizada por deber se contrapone a una acción contraria al deber, y se diferencia también de una acción conforme al deber. Ya que esta última carece de valor moral, porque la voluntad, aunque exteriormente ejecute el deber, persigue una intención distinta del propio cumplimiento del deber. Una acción realizada por deber es aquella que se ejecuta sólo por respeto al imperativo categórico, sin atender a ningún condicionamiento externo a dicha ley moral. Este imperativo categórico es la ley moral universalmente válida, presente en la razón del sujeto que le indica inconscientemente, de modo absoluto qué forma ha de adoptar su conducta para obrar moralmente bien. Es el máximo exponente de la autonomía moral del ser humano, ya que es libre de obrar porque obedece a su propia razón por lo que otorga dignidad como persona moral y le hace objeto de un absoluto respeto. Se opone a los imperativos hipotéticos de las éticas materiales que son condicionados, que están dirigidos y subordinados a obtener un fin. Kant ofrece dos formulaciones del imperativo categórico. El primero dice que debemos obrar tal y como obrarían los demás en nuestra situación, que nuestra máxima se convierta en ley. Y el segundo dice que debemos obrar de tal manera que usemos la humanidad como un fin y nunca como un medio. Estas dos formulaciones son formales, carecen de contenido empírico. No establecen normas, sino la forma de dichas normas. Kant establece los llamados postulados de la razón práctica, son proposiciones exigidas por la razón práctica desde el momento en que existe en ellas el imperativo categórico. Son la libertad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. Los ideales de la razón pura se convierten en postulados de la razón práctica. Pero sigue sin poder demostrarse su condición transcendental. Sólo es posible demostrar la existencia de la libertad, ya que para que el ser humano sea capaz de actuar por deber, deber ser libre. Sin libertad, no podría haber ética, y sí la hay. Demuestra así la existencia de la condición transcendental de la libertad. No consigue, sin embargo, demostrar la existencia de Dios, que lo propone como garantía de alcanzar el sumo bien, de que nuestra virtud sea recompensada con la felicidad. Ni la inmortalidad del alma, propuesta como garantía de que tras esta vida, habrá un progreso infinito hacia la virtud (obrar siempre bien). Estos tres postulados contestan a la pregunta de "qué puede esperar el ser humano", y el verdadero significado de las ideas de la razón. En la crítica a la razón pura, Kant demostró que se trata de noúmenos, impenetrables para el conocimiento científico, pero muy útiles para la utilidad práctica o moral de la razón.

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