sábado, 6 de febrero de 2016

TEMA 6.

DAVID HUME:

David Hume.

ELEMENTOS Y TIPOS DE CONOCIMIENTOS:

La característica principal de la filosofía de Hume es que es empirista. El empirismo es una corriente filosófica que sostiene que la experiencia es la fuente básica del conocimiento, por lo cual sólo se puede adquirir conocimiento a través de los métodos experimentales. Además, esto significa que no pueden existir ideas innatas en la mente.
Hume, aceptando que todos los conocimientos eran en un principio ideas de la mente, encuentra el término idea y lo sustituye por el de "percepción". Los conocimientos son percepciones de la mente. Ahora, no todos los conocimientos son iguales. Existen unos conocimientos más intensos, vivaces y detallados. A estos conocimientos los llama Impresiones, que se impone sin que el sujeto pueda evitarlo. A las impresiones (imágenes) debilitadas las llama ideas. Toda idea deriva de una impresión anterior. Todo el conocimiento se reduce pues, a las copias debilitadas de las impresiones, las ideas. No se puede conocer con certeza nada más allá de las percepciones. Todos los conocimientos del ser humano se poseen con orden y regularidad, debido a las leyes de asociación de ideas, que son tres: Semejanza, Contigüidad espacio-temporal, y Causalidad. Un objeto te hace pensar en otro que es semejante, el recuerdo de lo que ocurre después de llegar a un sitio es un ejemplo de contigüidad, y  saber la causa que tiene un efecto es causalidad. De acuerdo con esta clasificación, Hume distingue dos tipos de conocimiento. El conocimiento que establece relación de ideas y las organiza según el principio de semejanza. Es el campo de los conocimientos y la lógica. Son conocimientos verdaderos, rigurosos y válidos universalmente, constituyen la ciencia. Su verdad se puede descubrir por simple análisis, y son verdades analíticas. Y el conocimiento de hechos, que depende de la causalidad y la contigüidad. El conocimiento que proporciona es simple e individual y está limitado.

LA CAUSALIDAD:

La causalidad afirma que una cosa es causa de otra, pero no existe impresión alguna en que basar esta afirmación. Al establecer esta relación, la mente va más allá de lo que está presente, y pretende inferir una cosa o acontecimiento de su causa o su efecto. Para los filósofos clásicos, la relación causa-efecto era una relación necesaria, ya que se afirmaba que "todo lo que empieza, tiene una causa" y se tomaba esta afirmación como necesaria y evidente. Este es el principio de la causalidad. Se creía basada en la intuición y decían que no se podía poner en duda. Sin embargo Hume considera que el principio de causalidad no tiene valor por sí mismo a priori. Es decir, su validez sólo puede provenir de la experiencia y no existe ninguna experiencia de la causalidad. Si existiera dicha experiencia, se podría descubrir los efectos que tendría una causa la primera vez que fuese observada. Sólo la experiencia que muestra la constante unión de dos acontecimientos, permite inferir uno de otro, estableciendo de este modo la relación de causalidad. Esta constante unión lleva a pensar que existe una conexión necesaria entre causa y efecto, Hume descubre que sólo hay contigüidad y sucesión. La contigüidad está en la proximidad de los acontecimientos, y la sucesión en que la causa es anterior al efecto. Pero la contigüidad y sucesión no son causalidad. Un objeto puede ser contiguo y anterior a otro sin ser su causa, para que haya causalidad tiene que darse una conexión necesaria entre uno y otro. Como este principio de causalidad se establece por la experiencia, se ha de estudiar si la experiencia fija una conexión necesaria entre dos hechos. La experiencia tan sólo demuestra que ciertos fenómenos son contiguos y uno procede del otro. Nada más, no existe ninguna impresión de conexión necesaria. Por otra parte, se sabe que estos hechos suelen ocurrir siempre de la misma manera y esto es lo que lleva a hablar de causalidad aunque no esté justificada por la experiencia. Por esto se dice que la conexión necesaria no es más que un supuesto de experiencia. Por esto se dice que la conexión necesaria no es más que un supuesto de la experiencia. Los seres humanos creen en la causalidad e incluso es fundamental en su vida. Pero como se ha demostrado, la causalidad no existe. El origen de esta creencia es la costumbre y el hábito. Cuando dos cosas van habitualmente unidas, se espera que al ocurrir una, también ocurra la otra. Esta costumbre hace confiar en que el curso de la naturaleza seguirá siendo como hasta el presente. Como no se percibe alguna relación entre causa y efecto, Hume asume que no es posible afirmar la existencia de la causalidad, lo que hace legítima la relación causa-efecto.

CRÍTICA A LAS SUSTANCIAS CARTESIANAS:

Los seres humanos normalmente creen en la existencia de un mundo que está más allá de las impresiones y que es su origen. Además, este mundo debe tener una existencia continua e independiente. Hume sólo está dispuesto a aceptar aquello de lo que posee impresiones o que se deduzca de ellos. La existencia de un mundo exterior en las que se originaban las impresiones es fruto de una creencia poco racional. La existencia de sustancias externas a los sujetos es algo que se acepta por instinto y no por argumentación racional. Es obvio que de Dios no se poseen impresiones y tampoco se puede demostrar su existencia por medio de la causalidad, dado que no tiene valor alguna. Hume dice que no se puede saber racionalmente de la existencia de Dios y que Dios es una adivinanza y un misterio. Hume está dispuesto a aceptar sólo aquello de lo que tiene impresión, pero también se pregunta su existe impresión o experiencia del yo. La respuesta que obtiene es aparentemente sí, una persona tiene muchas impresiones. Pero, ¿es alguna de estas impresiones de ser yo? Hume afirma rotundamente que no. Se tiene impresión de cosas que pasan pero no del propio yo. Hay que contentarse con considerar el yo una pura colección de impresiones. Estas impresiones pueden cambiar, al igual que pueden hacerlo la relación pero el yo no cambia y sigue existiendo. Estas deducciones empiristas de Hume desembocan en el fenomenismo  y el escepticismo. El fenomenismo para Hume reduce el conocimiento de la realidad a aquello de lo que poseemos impresión. Esto significa que la mente no puede conocer la realidad, sino las percepciones que tenemos de ella. El escepticismo hace a Hume afirmar que nunca podremos tener certeza racional absoluta de muchas cosas, como pueden ser de las que no tenemos experiencia aún, o de las deducidas del principio de causalidad.

EMOTIVISMO MORAL:

Lo bueno y lo malo no procede de la conformidad con la razón, sino que depende del sentimiento. La moralidad es algo que tiene más que ver con el sentimiento que te hace sentir la acción que con un juicio de la razón. El bien es algo agradable, mientras que el mal es algo desagradable. Ahora bien, si se examina correctamente, se puede ver que una acción es buena porque produce placer. Es el sentimiento el que lleva a considerar este tipo de acciones buenas. No se dice que algo es agradable porque es bueno, sino que algo es bueno porque se considera agradable.
Estos sentimientos están tan arraigados en el ser humano que es imposible destruirlos. A esto es a lo que se le llama emotivismo moral. A pesar de esto, Hume admite que además del sentimiento se necesita de la intervención de la razón en la vida moral. Lo que pretende Hume es fundar la ética para determinar qué es lo bueno y qué lo malo. Las cualidades que provocan en los demás, un sentimiento de aprobación será lo bueno. Y lo malo vendrá dado por los comportamientos que originen reprobación. En el análisis de las cualidades, Hume llega a la conclusión de que los comportamientos que generan actitudes aprobatorias son aquellas que tienen en común la utilidad para la sociedad. Es la utilidad social lo que provoca el agrado, y se convierte en el fundamento último de la ética de Hume. Es pues, lo que determina la bondad de los actos humanos. Y si son los sentimientos los que hacen los actos útiles para la sociedad, es la razón la que señala qué tipos de actos benefician a la sociedad y en qué medida, con lo cual, a pesar de que su ética sea fundamentalmente emotiva, también atribuye una parte a la razón.

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