sábado, 6 de febrero de 2016

TEMA 8.

JEAN-JACQUES ROUSSEAU:

Jean-Jacques Rousseau.

EL HOMBRE:

1.1. Igualdad y desigualdad. 
La tesis que sostiene Rousseau es ésta: los hombres en estado de naturaleza son iguales, no existe más desigualdad que la natural (talento, estatura, peso, cualidades ...). ¿Qué es lo que ha hecho a los hombres desiguales? Es la propiedad, la sociedad política, el gobierno y la ley. En el momento en que se introduce la propiedad en lo social es cuando desaparece la igualdad. Además, la sociedad política “aplicó nuevas ataduras al pobre y dio nuevos poderes al rico: destruyó irrecuperablemente la libertad natural y fijó eternamente la ley de la propiedad y de la desigualdad.

1.2. Estado natural del hombre.
Rousseau distingue entre estado de naturaleza y estado social con el fin de distinguir lo que hay de originario y lo que hay de artificial en la naturaleza actual: El estado de naturaleza designa el supuesto estado o situación del hombre con anterioridad a su vida en la sociedad. Es el estado en que el hombre sería bueno y feliz, independiente, y libre, y guiado por el sano amor de sí mismo. El hombre es bueno por naturaleza. Rousseau no está designando un estado que exista o haya existido, es un concepto, mucho más que una realidad que pudo darse en un tiempo. El estado social designa la real situación presente en que se encuentra el hombre al vivir en esta sociedad. Aquí es donde el hombre se hace malo, está movido por el egoísmo, el ansia de tener (la propiedad) que le hace se el hombre artificial y se rige por la injusticia, la opresión y la falta de una auténtica libertad.

1.3. La libertad.
El hombre en estado natural es naturalmente bueno; y tiene en su entraña grabada una tendencia al bien y a la felicidad, no al mal. Si cada hombre en la sociedad une su voluntad a la de otro hombre y a la de otro, y así a la de todos los hombres de una sociedad, se forma una voluntad general nacida de una tendencia natural al bien y a la felicidad naturales de los hombres. Y claro, la tarea del legislador consiste en poner las leyes en conformidad con esa voluntad general y la tarea del ciudadano consiste en poner su voluntad particular en armonía con esa voluntad general. ¿Y dónde está en todo esto la libertad del individuo? Rousseau responde: los hombres son libres por naturaleza y se unen en sociedad para asegurar, no solo su propiedad y su vida, sino sobre todo su libertad. El verdadero contrato social ha de ser, pues, un contrato de libertad. ¿No es algo contradictorio decir que los hombres se hacen libres y se protegen de la sumisión convirtiéndose en súbditos? Rousseau responde: al obedecer a la ley un hombre se obedece a sí mismo, a su propia razón, a su propio juicio; está siguiendo su voluntad real. Seguir su propio juicio y su propia voluntad es lo mismo que ser un hombre libre. Por tanto, el ciudadano que obedece a la voluntad general es el hombre verdaderamente libre, porque obedece a una ley que expresa su propia voluntad real.


2. LA SOCIEDAD. “EL CONTRATO SOCIAL”. 

El individuo sólo puede ser libre en el seno de la comunidad. El problema está en que en esta sociedad concreta (la sociedad de su época, que es el objeto de su crítica) el hombre se encuentra en un estado casi salvaje, sin ley ni moralidad. Como la maldad de los hombres es debida a la maldad de la sociedad, los hombres sólo pueden ser buenos si se produce una reforma profunda de la sociedad. La crítica del injusto orden social y de la cultura no significa en Rousseau el retorno a un estado natural (en cuanto orden libre, sin trabas) o de barbarie, porque el hombre sólo en sociedad desarrolla su vida intelectual y moral. Se trata de la transformación del orden social establecido por la fuerza, en un orden establecido por leyes dadas por los hombres mismos en igualdad y libertad, es decir, un orden vivido en autonomía. Por tanto, para que el orden social sea legítimo y justificado, tendrá que fundarse en el acuerdo, en un contrato social. Los hombres tienen que unirse y fundar una asociación que proteja a las personas y a los bienes de cada uno, y en la que sigan siendo tan libres como antes. En esta sociedad se adquiere una forma de libertad superior a aquella de la que se disfruta en el estado de naturaleza. En la teoría de Rousseau, el contrato originario crea un soberano idéntico con las partes contratantes, tomadas colectivamente; y no se dice nada del gobierno. Para el gobierno es pura y simplemente el poder ejecutivo dependiente de la voluntad general. Así pues, aspira a un proyecto político en el que fueran compatibles la igualdad y la libertad aunque siempre bajo la autoridad de las leyes. Esas leyes que se las ha dado a sí mismo el pueblo, cuando ejerce la soberanía, al expresar la voluntad general.

TEMA 7.

IMMANUEL KANT:

Immanuel Kant.

EL CONOCIMIENTO:

Kant es un filósofo ilustrado que se caracteriza por un uso teórico de la razón, trata de determinar si es posible un conocimiento científico y riguroso que sea verdadero, al que se llegue mediante la razón. Y cuales son los límites de dicho conocimiento. También intenta responder a las preguntas ¿qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? ¿Qué es el hombre? Kant ve necesario someter a juicio a la razón, debido a las diversas interpretaciones que la dividen y ponen en duda su legitimidad. Entre estas interpretaciones encontramos: el dogmatismo racionalista, defiende que la razón reside en la razón al margen de la experiencia. El positivismo empirista reduce el conocimiento a la experiencia al margen de la razón. Y el irracionalismo que niega la existencia de la razón. Kant va más allá de estas interpretaciones y defiende el idealismo trascendental. Distingue sensibilidad, que es pasiva, que es la facultad de recibir impresiones, y el entendimiento, que es activo y es la facultad de unificar y crear conceptos al margen de la experiencia. Los conceptos que no derivan de la experiencia, son utilizados por el entendimiento para obtener juicios pero no pueden referirse a algo fuera de la experiencia. Intentando responder a las preguntas que se plantea, Kant intenta descubrir si es posible la metafísica como ciencia, es decir, si se puede conocer científicamente aspectos que vayan más allá de la experiencia, como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma o la libertad. Para ello Kant intenta determinar qué características hacen posible las ciencias, y si la metafísica se ajusta a estas condiciones, podrá considerarse como ciencia. Para descubrir dichas condiciones, Kant determina los tipos de juicios de las ciencias. Distingue los juicios analíticos, cuando el predicado está incluido en el sujeto. Y juicios sintéticos en los que el predicado no está comprendido en el sujeto. Para Kant estos son los juicios que ofrecen conocimiento. Además distingue dos modos de conocimiento. A priori, anterior e independiente a la experiencia, o a posteriori, derivado de ella. Finalmente, concluye que los juicios de la ciencia serán sintéticos y a priori. Nos aportan información y son a la vez universales y necesarios. Por tanto, las condiciones que hacen posibles las ciencias serán aquellas que hagan posibles los juicios sintéticos a priori. Kant enuncia estas condiciones en su crítica a la razón pura dividida en tres partes. Estética transcendental, Analítica transcendentarl y Dialéctica transcendental.
La Estética transcendental es el estudio de la sensibilidad, ya definida, y de las condiciones que hacen posible la existencia de las matemáticas como ciencia. Estas condiciones son el espacio y el tiempo. Kant las define como condiciones a priori de la sensibilidad, porque no son impresiones sensibles, sino la forma en que percibimos éstas. Independientemente de los sentidos y de la experiencia. Y rigen el conocimiento sensible. También las define como "intuiciones puras". Al definirlas como intuiciones subraya que no son conceptos, ya que no hay una pluralidad como en los conceptos, sino que son únicos. Y que al contrario que los conceptos, no son posteriores a la experiencia, sino condiciones de esta. Por último, puro significa vacío de contenido empírico. Espacio y tiempo no son más que dos coordenadas vacías en las que se ordenan las impresiones sensibles. El espacio y el tiempo son dos condiciones transcendentales, ya que son condiciones universales, necesarias y a priori que hacen posible la ciencia. Hacen posibles las matemáticas ya que son intuiciones puras. El espacio y el tiempo se ocupan, respectivamente, de la geometría y de la aritmética (ya que ésta se basa en la sucesión temporal). Las matemáticas pueden formular juicios sintéticos a priori porque el espacio y el tiempo son intuiciones puras a priori. De igual modo, el espacio y el tiempo son previos e independientes a los datos sensibles, por lo que las matemáticas también lo serán. Como todos los objetos de nuestra experiencia, se dan en el espacio y tiempo, en todos ellos se cumplirán los juicios de las matemáticas, por lo que serán necesarios y universales. El resultado de la espacio-temporalización de las sensaciones son los fenómenos, que son los objetos que conocemos, que se diferencian de los noúmenos que son los objetos en sí, sin espacio ni tiempo, ni categorías, que podemos pensar porque no ofrecen contradicción, pero no podemos llegar a conocer ya que se encuentran fuera de la experiencia. Nuestro conocimiento está limitado a los fenómenos.
La Analítica transcendental es el estudio del entendimiento y de las condiciones que hacen posible los juicios sintéticos a priori en la física. Como nombramos antes, diferencia entre sensibilidad y entendimiento. La función del entendimiento es comprender lo percibido. Función que se realiza mediante conceptos. Estos conceptos pueden ser empíricos, extraídos de la experiencia, son conceptos puros, a priori y condiciones transcendentales del conocimiento intelectual, ya que lo posibilitan unificando los datos de la experiencia sensible. Es decir, por medio del entendimiento, son pensados bajo la forma de categorías o conceptos puros del entendimiento (sustancia, causa, unidad, existencia). Las categorías son condiciones transcendentales del conocimiento de los fenómenos, ya que el entendimiento no puede pensarlos si no es aplicando estas categorías. El conocimiento sensible nos ofrece una pluralidad de datos que el entendimiento coordina aplicando las categorías para formular juicios. Esta función unificadora de las categorías es llamada "deducción transcendental de las categorías". Estas categorías han de llenarse con los datos procedentes del conocimiento sensible, si no, no nos ofrecen conocimiento. Es decir, las categorías sólo son fuente de conocimiento aplicadas a los fenómenos. Más allá de ellos, fuera de la experiencia, no tiene validez. En la analítica transcendental, Kant ocupa también la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en la física. Lo afirma, y para demostrarlo utiliza el principio de causalidad, que se basa en la categoría de causa. Que es un concepto que no depende de los sentidos, es previo a la experiencia, y por siguiente, a priori. Los fenómenos sólo pueden ser conocidos por entendimiento, si éste les aplica las categorías, por lo tanto las categorías se aplican a todos los fenómenos conocidos. Es, pues, universal y necesario. De la unión entre la sensibilidad con el entendimiento, surgirá el conocimiento, es decir, ara conocer son precisas las intuiciones que se dan a través de la sensibilidad y los conceptos del entendimiento  ("los conceptos son contenidos, son vacíos,  las intuiciones sin conceptos son ciegas").
La Dialéctica transcendental se encarga de la metafísica como ciencia así como del funcionamiento de la razón. En la dialéctica transcendental se niega la posibilidad de la metafísica como ciencia (entendida como un conjunto de proposiciones a cerca de realidades que están fuera de la experiencia). La aplicación de las categorías fuera de la experiencia es lógicamente ilegítima y da lugar a errores. La dialéctica transcendental muestra que tales errores provienen de pasar por alto la diferencia entre fenómeno y noúmeno. La dialéctica transcendental critica, pues, la pretensión de la razón y del entendimiento de alcanzar el conocimiento de los noúmenos, más allá de la experiencia. Esta aplicación de las categorías es lógicamente ilegítima, pero es también una tendencia inevitable de acuerdo con la naturaleza de la razón misma. La razón inevitablemente a la búsqueda de lo incondicionado, es decir, a alcanzar el conocimiento de aquello que se puede pensar pero no conocer ya que se encuentra más allá de la experiencia. Dios, el alma y el mundo como totalidad. La razón es la capacidad de conectar juicios en conocimientos y tiende a buscar juicios cada vez más generales en los que agrupar los demás. Así se constituye la ciencia. Esta tendencia nos lleva así a traspasar los límites de los datos sensibles en busca de lo incondicionado y, en último término, de las tres ideas de la razón (Dios, alma, mundo). Estas ideas no nos proporcionan conocimiento objetivo alguno, expresan sin embargo, el ideal de la razón de encontrar leyes y principios más general es cada vez. No pueden ser alcanzados pero nos indican que hay que seguir avanzando. Estas ideas nos llevan a un uso incorrecto de la razón, aplicándoles las categorías, y tratándoles como si fuesen objetos de la experiencia, cosas que no son. Así surgen los errores de la razón: Paralogismo, emite falsos silogismos sobre el alma. Antinomias, se emiten juicios contradictorios sobre el mundo, se puede demostrar una tesis y la contraria. Y el ideal de la razón, supone la existencia de Dios. Hay también un uso correcto de las ideas de la razón y consiste en organizar la experiencia en un sistema racional. El uso científico de la razón debe aferrarse, pues, a los fenómenos. Kant concluye que la metafísica no puede ser ciencia. Las ideas de la razón se refieren a los noúmenos, de los que no podemos tener conocimiento. Como conclusión, Kant afirma que el contenido de las ideas de la razón no puede hacerse mediante la razón en su uso teórico, sino en la razón práctica. Quedando así abierta la posibilidad de la moral y de la libertad.

LA ÉTICA:

La razón práctica (voluntad de querer algo y poner los medios para conseguirlo), se ocupa de saber cómo debe ser la conducta del ser humano, formula imperativos. Mientras que la ciencia trata lo que es, formulando juicios. Kant parte del hecho de la existencia de una ley moral universal, expresión de la razón humana. Mientras que las demás éticas son materiales, Kant propone una ética formal, y critica las anteriores. Las éticas materiales son aquellas que establecen un bien supremo para el ser humano, y la conducta humana será buena o mala en la medida en que se asemejen a dicho bien. Las critica porque son empíricas, a posteriori, dependen de la experiencia. Y él busca una ética universal, como de la experiencia no puede salir nada universal, no son válidas para él. Sus imperativos son hipotético, son condicionales, no son válidos siempre. Y son heterónomas, reciben las leyes desde fuera de la propia razón, lo que para Kant no es posible. La ética formal de Kant no establece ningún bien o fin supremo para el ser humano, no nos dice lo que tenemos que hacer, sino la forma en la que debemos obrar. Es, por tanto, una ética a priori, autónoma y sus imperativos son categóricos. Kant distingue máxima y ley, máxima es el principio individual y subjetivo de actuación de un individuo, y ley es el principio objetivo y universal. Para Kant, el único criterio que permite determinar el valor moral de una acción es la buena voluntad, que al actuar se inspira en el deber, y no en el interés personal. Una acción realizada por deber se contrapone a una acción contraria al deber, y se diferencia también de una acción conforme al deber. Ya que esta última carece de valor moral, porque la voluntad, aunque exteriormente ejecute el deber, persigue una intención distinta del propio cumplimiento del deber. Una acción realizada por deber es aquella que se ejecuta sólo por respeto al imperativo categórico, sin atender a ningún condicionamiento externo a dicha ley moral. Este imperativo categórico es la ley moral universalmente válida, presente en la razón del sujeto que le indica inconscientemente, de modo absoluto qué forma ha de adoptar su conducta para obrar moralmente bien. Es el máximo exponente de la autonomía moral del ser humano, ya que es libre de obrar porque obedece a su propia razón por lo que otorga dignidad como persona moral y le hace objeto de un absoluto respeto. Se opone a los imperativos hipotéticos de las éticas materiales que son condicionados, que están dirigidos y subordinados a obtener un fin. Kant ofrece dos formulaciones del imperativo categórico. El primero dice que debemos obrar tal y como obrarían los demás en nuestra situación, que nuestra máxima se convierta en ley. Y el segundo dice que debemos obrar de tal manera que usemos la humanidad como un fin y nunca como un medio. Estas dos formulaciones son formales, carecen de contenido empírico. No establecen normas, sino la forma de dichas normas. Kant establece los llamados postulados de la razón práctica, son proposiciones exigidas por la razón práctica desde el momento en que existe en ellas el imperativo categórico. Son la libertad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. Los ideales de la razón pura se convierten en postulados de la razón práctica. Pero sigue sin poder demostrarse su condición transcendental. Sólo es posible demostrar la existencia de la libertad, ya que para que el ser humano sea capaz de actuar por deber, deber ser libre. Sin libertad, no podría haber ética, y sí la hay. Demuestra así la existencia de la condición transcendental de la libertad. No consigue, sin embargo, demostrar la existencia de Dios, que lo propone como garantía de alcanzar el sumo bien, de que nuestra virtud sea recompensada con la felicidad. Ni la inmortalidad del alma, propuesta como garantía de que tras esta vida, habrá un progreso infinito hacia la virtud (obrar siempre bien). Estos tres postulados contestan a la pregunta de "qué puede esperar el ser humano", y el verdadero significado de las ideas de la razón. En la crítica a la razón pura, Kant demostró que se trata de noúmenos, impenetrables para el conocimiento científico, pero muy útiles para la utilidad práctica o moral de la razón.

TEMA 6.

DAVID HUME:

David Hume.

ELEMENTOS Y TIPOS DE CONOCIMIENTOS:

La característica principal de la filosofía de Hume es que es empirista. El empirismo es una corriente filosófica que sostiene que la experiencia es la fuente básica del conocimiento, por lo cual sólo se puede adquirir conocimiento a través de los métodos experimentales. Además, esto significa que no pueden existir ideas innatas en la mente.
Hume, aceptando que todos los conocimientos eran en un principio ideas de la mente, encuentra el término idea y lo sustituye por el de "percepción". Los conocimientos son percepciones de la mente. Ahora, no todos los conocimientos son iguales. Existen unos conocimientos más intensos, vivaces y detallados. A estos conocimientos los llama Impresiones, que se impone sin que el sujeto pueda evitarlo. A las impresiones (imágenes) debilitadas las llama ideas. Toda idea deriva de una impresión anterior. Todo el conocimiento se reduce pues, a las copias debilitadas de las impresiones, las ideas. No se puede conocer con certeza nada más allá de las percepciones. Todos los conocimientos del ser humano se poseen con orden y regularidad, debido a las leyes de asociación de ideas, que son tres: Semejanza, Contigüidad espacio-temporal, y Causalidad. Un objeto te hace pensar en otro que es semejante, el recuerdo de lo que ocurre después de llegar a un sitio es un ejemplo de contigüidad, y  saber la causa que tiene un efecto es causalidad. De acuerdo con esta clasificación, Hume distingue dos tipos de conocimiento. El conocimiento que establece relación de ideas y las organiza según el principio de semejanza. Es el campo de los conocimientos y la lógica. Son conocimientos verdaderos, rigurosos y válidos universalmente, constituyen la ciencia. Su verdad se puede descubrir por simple análisis, y son verdades analíticas. Y el conocimiento de hechos, que depende de la causalidad y la contigüidad. El conocimiento que proporciona es simple e individual y está limitado.

LA CAUSALIDAD:

La causalidad afirma que una cosa es causa de otra, pero no existe impresión alguna en que basar esta afirmación. Al establecer esta relación, la mente va más allá de lo que está presente, y pretende inferir una cosa o acontecimiento de su causa o su efecto. Para los filósofos clásicos, la relación causa-efecto era una relación necesaria, ya que se afirmaba que "todo lo que empieza, tiene una causa" y se tomaba esta afirmación como necesaria y evidente. Este es el principio de la causalidad. Se creía basada en la intuición y decían que no se podía poner en duda. Sin embargo Hume considera que el principio de causalidad no tiene valor por sí mismo a priori. Es decir, su validez sólo puede provenir de la experiencia y no existe ninguna experiencia de la causalidad. Si existiera dicha experiencia, se podría descubrir los efectos que tendría una causa la primera vez que fuese observada. Sólo la experiencia que muestra la constante unión de dos acontecimientos, permite inferir uno de otro, estableciendo de este modo la relación de causalidad. Esta constante unión lleva a pensar que existe una conexión necesaria entre causa y efecto, Hume descubre que sólo hay contigüidad y sucesión. La contigüidad está en la proximidad de los acontecimientos, y la sucesión en que la causa es anterior al efecto. Pero la contigüidad y sucesión no son causalidad. Un objeto puede ser contiguo y anterior a otro sin ser su causa, para que haya causalidad tiene que darse una conexión necesaria entre uno y otro. Como este principio de causalidad se establece por la experiencia, se ha de estudiar si la experiencia fija una conexión necesaria entre dos hechos. La experiencia tan sólo demuestra que ciertos fenómenos son contiguos y uno procede del otro. Nada más, no existe ninguna impresión de conexión necesaria. Por otra parte, se sabe que estos hechos suelen ocurrir siempre de la misma manera y esto es lo que lleva a hablar de causalidad aunque no esté justificada por la experiencia. Por esto se dice que la conexión necesaria no es más que un supuesto de experiencia. Por esto se dice que la conexión necesaria no es más que un supuesto de la experiencia. Los seres humanos creen en la causalidad e incluso es fundamental en su vida. Pero como se ha demostrado, la causalidad no existe. El origen de esta creencia es la costumbre y el hábito. Cuando dos cosas van habitualmente unidas, se espera que al ocurrir una, también ocurra la otra. Esta costumbre hace confiar en que el curso de la naturaleza seguirá siendo como hasta el presente. Como no se percibe alguna relación entre causa y efecto, Hume asume que no es posible afirmar la existencia de la causalidad, lo que hace legítima la relación causa-efecto.

CRÍTICA A LAS SUSTANCIAS CARTESIANAS:

Los seres humanos normalmente creen en la existencia de un mundo que está más allá de las impresiones y que es su origen. Además, este mundo debe tener una existencia continua e independiente. Hume sólo está dispuesto a aceptar aquello de lo que posee impresiones o que se deduzca de ellos. La existencia de un mundo exterior en las que se originaban las impresiones es fruto de una creencia poco racional. La existencia de sustancias externas a los sujetos es algo que se acepta por instinto y no por argumentación racional. Es obvio que de Dios no se poseen impresiones y tampoco se puede demostrar su existencia por medio de la causalidad, dado que no tiene valor alguna. Hume dice que no se puede saber racionalmente de la existencia de Dios y que Dios es una adivinanza y un misterio. Hume está dispuesto a aceptar sólo aquello de lo que tiene impresión, pero también se pregunta su existe impresión o experiencia del yo. La respuesta que obtiene es aparentemente sí, una persona tiene muchas impresiones. Pero, ¿es alguna de estas impresiones de ser yo? Hume afirma rotundamente que no. Se tiene impresión de cosas que pasan pero no del propio yo. Hay que contentarse con considerar el yo una pura colección de impresiones. Estas impresiones pueden cambiar, al igual que pueden hacerlo la relación pero el yo no cambia y sigue existiendo. Estas deducciones empiristas de Hume desembocan en el fenomenismo  y el escepticismo. El fenomenismo para Hume reduce el conocimiento de la realidad a aquello de lo que poseemos impresión. Esto significa que la mente no puede conocer la realidad, sino las percepciones que tenemos de ella. El escepticismo hace a Hume afirmar que nunca podremos tener certeza racional absoluta de muchas cosas, como pueden ser de las que no tenemos experiencia aún, o de las deducidas del principio de causalidad.

EMOTIVISMO MORAL:

Lo bueno y lo malo no procede de la conformidad con la razón, sino que depende del sentimiento. La moralidad es algo que tiene más que ver con el sentimiento que te hace sentir la acción que con un juicio de la razón. El bien es algo agradable, mientras que el mal es algo desagradable. Ahora bien, si se examina correctamente, se puede ver que una acción es buena porque produce placer. Es el sentimiento el que lleva a considerar este tipo de acciones buenas. No se dice que algo es agradable porque es bueno, sino que algo es bueno porque se considera agradable.
Estos sentimientos están tan arraigados en el ser humano que es imposible destruirlos. A esto es a lo que se le llama emotivismo moral. A pesar de esto, Hume admite que además del sentimiento se necesita de la intervención de la razón en la vida moral. Lo que pretende Hume es fundar la ética para determinar qué es lo bueno y qué lo malo. Las cualidades que provocan en los demás, un sentimiento de aprobación será lo bueno. Y lo malo vendrá dado por los comportamientos que originen reprobación. En el análisis de las cualidades, Hume llega a la conclusión de que los comportamientos que generan actitudes aprobatorias son aquellas que tienen en común la utilidad para la sociedad. Es la utilidad social lo que provoca el agrado, y se convierte en el fundamento último de la ética de Hume. Es pues, lo que determina la bondad de los actos humanos. Y si son los sentimientos los que hacen los actos útiles para la sociedad, es la razón la que señala qué tipos de actos benefician a la sociedad y en qué medida, con lo cual, a pesar de que su ética sea fundamentalmente emotiva, también atribuye una parte a la razón.

TEMA 5.

RENÉ DESCARTES:

René Descartes.

EL RACIONALISMO:

El racionalismo es una corriente filosófica que surge en Europa durante los siglos XVI y XVII, que afirma que todo lo que existe y todo conocimiento derivado de ello ha de surgir de la razón. Se entiende como razón la observación de los objetos sensibles como fuente de conocimiento. El objeto de conocimiento del realismo es el propio conocimiento. Se busca el verdadero conocimiento a partir de la razón (conocimiento racional). El máximo exponente de esta corriente fue Descartes. Éste afirma que al igual que la razón se puede aplicar a otros campos científicos, se podría aplicar a todos los seres humanos, puesto que la razón es una y la misma en todos los seres humanos. Desde este punto,  la inquietud de Descartes se centra en la búsqueda de un saber universal e igual para todos los seres humanos, que sea evidente y verdadero.

EL MÉTODO:

En busca de una verdad universal, Descartes inventa lo que se llama "El Método". Tiene su fundamento en el sujeto del conocimiento, entendido como razón, y así se debe usar la razón para encontrar las verdades universales. Estas verdades universales que se entienden como certeza, son aquellas afirmaciones de las que no se pueden dudar. Los conocimientos que no ofrecen duda pueden proceder de dos fuentes: experiencia y deducción. La experiencia puede ser engañosa, pero la deducción proporciona conocimientos absolutamente ciertos. Así, se dice que las verdades que no ofrecen duda son construidos por la razón, y es creación de la mente. El conocimiento que la mente crea con claridad y distinción son claros porque manifiestan plenamente lo que son y distintos porque están separados del resto de conocimientos. Descartes entiende por método el conjunto de reglas ciertas y fáciles que hacen imposible para quienes las observe tomar como verdadero lo falso. Estas reglas son: La de la evidencia, La del análisis, La de la síntesis y La de la enumeración. La regla de la Evidencia dice que no se ha de aceptar como verdadera ninguna cosa que no se conozca como evidencia y evitar así la precipitación. El acto por el cual llegamos a los conocimientos evidentes es la intuición. La ley del análisis consiste en dividir las cuestiones que se han de examinar en el mayor número de partes posibles y necesarias para su mejor solución. La regla de la síntesis consiste en conducir ordenadamente los pensamientos empezando por lo simple, para ir ascendiendo hasta el conocimiento compuesto. La regla de la enumeración consiste en hacer en todo enumeraciones y revisiones completas para que se esté seguro de no olvidar nada.

LA DUDA METÓDICA:

La regla del análisis exige reducir en partes simples el objeto. Así, Descartes debe poner en juicio todos los conocimientos. En la duda se pueden diferenciar dos niveles. El primero de ellos radica en los sentidos, los sentidos engañan con frecuencia, en el color, en el tamaño... como nos han engañado alguna vez, no es posible o prudente fiarse de ellos. Al dudar de todo lo que conoce por los sentidos, Descartes se queda sin todo lo que había conocido mediante estos. Este primer nivel de duda se confirma por la imposibilidad de distinguir vigilia y sueño. Se dice que no es posible distinguir sin duda alguna vigilia de sueño, y por lo cual, los sentidos no son fiables. Pero todavía hay un segundo nivel de duda, ya que existen una serie de conocimientos no afectados por el primero. Son los conocimientos de la nueva ciencia que Descartes lo fundamenta en el solo proceder de la mente y que se ponen en duda recurriendo a un artificio que afecta a la mente. Se trata de un Dios engañoso o a un Genio Maligno. Es una duda universal e hiperbólica, puesto que con ella se duda de la existencia tanto de lo físico como del conocimiento e, incluso, de la existencia del sujeto.

PRIMERA CERTEZA:

Debido a la duda metódica, Descartes no conoce si existen los objetos fuera de él e incluso si existe su cuerpo. También desconfía de las verdades matemáticas. Así, la única existencia que sí puede confirmar es el sujeto del conocimiento, puesto que si estoy dudando, estoy pensando. El fundamento de todo está en este sujeto entendido como pensamiento. Así razona su famosa frase " pienso, luego existo." que era tan firme y segura que los escépticos no pudieron refutarla. Esta frase se convirtió en el primer principio de la filosofía de Descartes. Éste explica que en su duda metódica decía que todo era falso, pero que necesitaba que él, que pensaba fuera alguna cosa y una materia pensante. Esta primera verdad se convierte en modelo y paradigma de toda verdad, en criterio de certeza. Descartes toma esta evidencia como modelo de toda evidencia y, por tanto, de toda verdad. Así, dice Descartes que las cosas que conocemos son aquellas que concebimos con claridad y distinción.

DIOS:

Hasta el momento, Descartes sólo ha admitido la existencia de él mismo como ser pensantes, pero al pensar, tenemos ideas que son de dos tipos: las ideas mentales o actos del pensamiento, y las ideas que representan un objeto. Estas últimas representan cada una un objeto distinto. Estas ideas existen en el alma humana, pero se quiere saber si lo que ellas representan, existen también fuera. De esta forma, Descartes lleva a cabo un análisis de los tipos de ideas y encuentra tres tipos: ideas adventicias, que parecen representar algo exterior, al sujeto, y están en la mente; ideas facticias, que representan cosas inventadas y no responden a la razón; e ideas innatas, que están siempre en la mente humana. Entre las ideas innatas está la de un ser infinito, Dios. Descartes utiliza varios argumentos para demostrar la existencia de Dios. El argumento ontológico dice que al existir una idea innata de infinito, exige la existencia de un ser sin limitaciones llamado Dios. Otro argumento es el de la finitud del yo. Descartes ha sido capaz de demostrar la existencia del yo, pero al ser un ser finito no se ha podido crear a sí mismo, y si así hubiese sido, se hubiese dotado de perfección, como la que tiene Dios. Por lo cual, el ser humano ha sido creado por un ser con todas las perfecciones, Dios. El tercer argumento es el de la causalidad, que dice que las ideas imperfectas han podido ser producidas por ideas imperfectas, pero que las ideas perfectas e infinitas, han debido ser creadas a causa de la propia perfección, representada en la idea de Dios. Una vez demostrada la existencia de Dios, Descartes sitúa en él el último fundamento de los conocimientos. Dios fundamenta la verdad de los conocimientos del ser humano, porque es imposible que Dios engañe, ya que es perfecto.

SUSTANCIA EXTENSA:

Descartes quiere saber cuál es la naturaleza de los cuerpos. Había encontrado la sustancia pensante del yo, que no necesita de ninguna otra cosa para existir, estableciendo su concepto de sustancia. La sustancia pensante es la primera sustancia, y es concebida por la razón. Junto a las sustancias pensantes encuentra a Dios, que se concibe desde su atributo de infinito, por lo cual es sustancia infinita. A él le corresponde propiamente la definición de sustancia, ya que él  es el único que no necesita de otra cosa para existir. Falta pues, explicar los cuerpos, Descartes reduce los cuerpos a una estructura, a orden y medida. Considera la materia sin sus otras cualidades, considerando sólo sus dimensiones que son las características que definen la extensión. Concibe así los cuerpos como sustancia extensa. Esto se toma como cierto ya que es evidente a la razón, y como queda demostrado con la existencia de Dios que no existe un Genio Maligno, no podemos engañarnos.

EL DUALISMO MENTE-CUERPO:

Para Descartes el universo es una gran máquina. Todo en él se reduce a extensión y movimiento. Como el universo en su conjunto, las plantas, los animales y el propio cuerpo humano son mecanismos. Los movimientos de los seres vivos obedecen a las mismas fuerzas que operan en el resto del universo. La posición que mantiene Descartes frente a los cuerpos, plantea el problema de la comunicación entre las sustancias, o la unión entre mente y cuerpo. La única respuesta que Descartes puede dar es Dios, éste creó de tal manera el mundo material que son válidos para él los conceptos e intuiciones de la mente humana. Descartes señala un lugar donde se realizará la unión entre el cuerpo y el alma humanos y se trata de la glándula pineal donde se unifican todas las sensaciones que producen los órganos de los sentidos.