domingo, 15 de noviembre de 2015

TEMA 3.

SAN AGUSTÍN DE HIPONA:

San Agustín de Hipona.

RAZÓN Y FE:

San Agustín de Hipona es un religioso filósofo de la Edad Media, durante esta época se plantea un problema, la relación entre razón y fe, si una persona es creyente, y gracias a su fe puede contestar todas las preguntas existenciales que propone la filosofía, ¿tiene sentido que se dedique a la razón?¿Y si la razón y la fe proporcionan respuestas diferentes? San Agustín resuelve este problema afirmando que razón y fe tienen ambas como misión común el esclarecimiento de la verdad única, la cristiana. Para conocer la verdad cristiana, razón y fe colaboran, la razón ayuda al ser humano a alcanzar fe, ya que ésta debe ir siempre precedida de un trabajo de razón, después la fe orienta e ilumina a la razón, y finalmente la razón contribuye al esclarecimiento de los contenidos de la fe, la filosofía ayuda al creyente a profundizar en la fe, permitiéndole alcanzar la filosofía. Como conclusión San Agustín expone: "Comprender para creer, creer para comprender.", que expresa perfectamente la colaboración fe-razón.

EL SER HUMANO:

San Agustín para hablar del ser humano se basa en la visión platónica de éste, el auténtico yo es el alma, el cuerpo es una cárcel, aunque como creyente "sabe" y se ve obligado a afirmar que el ser humano es unidad de cuerpo y alma.
Piensa que hay dos grados esenciales distintos de realidad. La realidad que no admite mutación y la que cambia. Dios, en el que no hay cambi ni mutación, y el mundo de las realidades creadas en el que sí se da el cambio. Dentro de este mundo hay dos tipos de cambio, las realidades que cambian en el espacio y en el tiempo, como el cuerpo; y otros que sólo lo hacen en el tiempo, como el alma, que constituye una realidad entre lo mutable y lo inmutable, de ahí su primacía con respecto al cuerpo. Ya que esta se relaciona con la divinidad, manda al cuerpo y se manda a sí misma. Para llevar a cabo esta relación con la divinidad, intervienen: la razón superior que comunica el alma con la divinidad; y la razón inferior que informa al cuerpo y entronca con la divinidad. El modo de ser de cada individuo tiene su origen en el alma, la cual posee tres facultades: memoria, entendimiento y voluntad. El nacimiento de cada ser humano es original e irrepetible, y por su origen es bueno, aunque defectuoso por el pecado original, y el ser humano se encuentra inclinado hacia el mal.

CONOCIMIENTO:

San Agustín piensa que un conjunto de estímulos modifican un órgano sensorial produciendo percepción. Esa modificación no llega al alma ya que eso supondría que lo inferior puede influir en lo superior y no es así. Pero el alma percibe esa modificación que se ha producido en los sentidos y elabora de su propia sustancia una imagen semejante a la del objeto. Este tipo de conocimiento se caracteriza por su inestabilidad, por lo que no constituye el conocimiento auténtico que se caracteriza por ser universal, necesario e inmutable. Existe, pues, otro conocimiento, que es el conocimiento verdadero, se trata del conocimiento intelectual, llevado a cabo por el entendimiento humano, y que consiste en la captación de verdades universales, necesarias e inmutables. Ya que el ser cristiano no puede recurrir como Platón a una vida del alma anterior a la unión con el cuerpo, admite que en el interior del ser humano hay una realidad necesaria, inmutable y eterna, Dios que es la fuente del conocimiento intelectual. El ser humano conoce las verdades necesarias, inmutables y universales por una iluminación divina, se las revela Dios, es la llamada teoría de la iluminación.
En el alma hay que distinguir entre Razón Inferior, que informa al cuerpo y entronca con la mutabilidad, que tiene como objeto la ciencia del entorno físico y mutable. Y la Razón Superior que se comunica con la divinidad y que tiene como objeto lo inteligible, las Ideas con el fin de poder elevarse hasta Dios. Esta razón superior es la encargada de comunicarse con la divinidad, y donde se produce la iluminación. Es pues, previo y necesario para el conocimiento de Dios. Este conocimiento auténtico lleva al ser humano más allá de sí mismo, hace que auto-transcienda en un proceso que tiene tres momentos: el apartarse del mundo material, adentrarse en el alma y el salto a la transcendencia, a Dios.

LA REALIDAD:

El Dios de Agustín de Hipona se presenta como una realidad a la vez íntima y trascendente al pensamiento y con presencia en el interior del ser humano "Dios es más íntimo al ser humano que el ser humano mismo" la prueba de la existencia de Dios es la presencia en el ser humano de verdades universales, necesarias e inmutables, puesto que ellas exigen la existencia de un ser de sus mismas características que explique su origen.
Este Dios del que hablamos, ha creado el mundo, caracterizado por el orden, en el que vivimos. Dios contiene externamente en sí los modelos arqueotipos de todos los seres posibles, por lo que para crear el mundo, Dios no ha tenido más que quererlo, decirlo y hacerlo, de una vez, sin sucesión de tiempo, ya que esta categoría pertenece al mundo creado pero no a él.

 ÉTICA:

El ser humano se caracteriza por una actitud de búsqueda que le lleva a autotrascencerse, se da en el ámbito del saber, permitiéndole descubrir a Dios en su interior y permitiéndole llegar al bien. Ese impulso se da también en el ámbito del querer, de la voluntad.
El ser humano busca la felicidad, pero no la puede encontrar en sí mismo, por eso se ve obligado a autotrascenderse también en este ámbito, ya que sólo algo puede suprar a él, Dios le puede hacer feliz. Pero el ser humano es desde su nacimiento, libre, debe elegir libremente si seguir a Dios, llegando a ser feliz, o seguir bienes mutables como objetivo de su vida en lugar de tender al bien inmutable, alejándose así libremente de la felicidad. Esta libertad humana da origen al mal. El mal no es una realidad positiva, si no una privación, ausencia de bien, al no ser algo real, no puede tener su origen en Dios, si no, como ya se nombra antes, en la libertad.

 SOCIEDAD:

Agustín de Hipona adopta ante la historia una perspectiva moral. El objetivo del ser humano en la vida es buscar la felicidad, que puede buscar, acertadamente, en Dios, o en bienes mutables, así puede distinguir dos clases de personas. Las que "se aman a sí mismos hasta el desprecio de Dios" y lo que "aman a dios hasta el desprecio de sí mismos". Los primeros constituyen la ciudad terrenal, en la que se busca el bien común, pero renegando de Dios. Y los segundos configurar la cuidad celeste, en la que se buscar el amar a Dios y la felicidad en él. Estas dos ciudades no se encuentran separadas, ni se relacionan una con la Iglesia y otra con el Estado, sino que se encuentran mezcladas en todas las sociedades. Los Gobernantes de las ciudades deben encargarse de organizar la convivencia entre los ciudadanos de manera pacifica, y tratando que todos tengan acceso a los bienes temporales. Deben tratar a los súbditos como hijos, y comprender tres funciones mandato, permisión, y consejo. Ambas ciudades tienen un fin último o bien supremo, la paz, que es un bien por sí misma, deseada por todos los seres humanos. Ya que el ser humano además de ser social por naturaleza, busca la paz también por naturaleza. La diferencia entre los dos ciudadanos en relación con la paz radica en que mientras que la ciudad terrenal la busca como un fin en sí mismo, la ciudad celestial, la busca como medio para alcanzar a Dios, la paz eterna y la redención.

lunes, 9 de noviembre de 2015

TEMA 2.

ARISTÓTELES:

Aristóteles.

LA REALIDAD Y EL CAMBIO. 

Aristóteles, siguiendo a Sócrates y Platón, defiende que el ser humano está hecho para la ciencia y que ésta constituye un conjunto de afirmaciones necesarias, inmutables y eternas. Trata de fundamentar esta postura pero en una dirección distinta, ya que la de su maestro plantea una serie de problemas que este soluciona trasladando la dualidad de mundos platónica al interior de las cosas mismas. Para Aristóteles, lo real sólo se puede explicar mediante una unión indivisible entre la Idea, la forma y la materia física. Todas las cosas están constituidas por dos principios: LA FORMA, es el elemento que lo configura, no se trata de su figura geométrica, sino del factor específico que les impone una determinada estructura inteligible, le proporciona una esencia y unas actividades determinadas. LA MATERIA consiste en sus elementos físicos, de aquello de lo que están hechos, la materia de todos los seres es siempre la misma y se constituye de tierra, agua, aire y fuego. La materia y la forma solo se distinguen mediante abstracción, puesto que componen una verdad única. Así pues, para Aristóteles lo real es lo individual, el ser que tiene una unidad intrínseca entre materia y forma, la sustancia individual. La característica esencial de este ser individual es el cambio, hay cuatro tipos: Sustancial, conversión de una realidad en otra; Cuantitativo, aumento o disminución física del objeto; Cualitativo, mutación o alteración en las cualidades de un cuerpo; y Local o cambio de lugar en el espacio. Aristóteles intenta descifrar cómo se produce el cambio, para ello son necesarios tres principios, un sustrato, una forma y una privación. En todo cambio hay algo que permanece, es el sustrato; y sobre él se produce el cambio, el sustrato adquiere mediante el cambio una forma de la que antes se encontraba privado. Para explicarlo mejor, Aristóteles emplea dos términos: Acto y Potencia. Potencia es poder ser, capacidad para poder llegar a ser algo que es por naturaleza y acto es ser actualmente, características dadas que constituyen cada ser en un momento determinado. Movimiento es, pues, el paso de la potencia (poder ser) al acto (ser). También trata de explicar por qué se produce el cambio. Distingue cuatro tipos de causas: dos intrínsecas que son la causa material, constituida por la materia o sustrato en el que se produce el cambio, y la causa formal, viene dado por la forma, aquello a lo que se llega en el cambio. Y dos extrínsecas que son la causa eficiente o el iniciador que pone en marcha el proceso; y la causa final, aquello para lo que se produce el cambio, puesto que Aristóteles tiene una visión teológica (finalista) del mundo, Aristóteles piensa que es necesario un motos que ponga en marcha el proceso del cambio. Pero si el motor de cada ser individual necesita de otro para poder moverse, y éste a su vez de otro, etc. No se puede proceder así hasta el infinito, por lo que es necesario admitir la presencia de un motor inmóvil que no necesite de otro para ser movido y que carezca de potencia (acto puro).

EL SER HUMANO. 

Aristóteles difiere con su maestro en cuanto al problema del ser humano, para éste el alma humana está tan ligada al cuerpo que hasta desaparece con él, el alma no es sino la forma del cuerpo. Es pues, acto y forma. El cuerpo, por su parte, es instrumento, materia, potencia. El alma no es un ser que pueda subsistir por sí mismo. El alma no es una sustancia, la única sustancia, y lo único realmente auténtico es el ser humano como unión entre cuerpo y alma.
Al definirse el alma como vida, todos los seres vivos tienen alma. Los seres humanos poseen alma racional; los animales, alma sensible; y las plantas, alma vegetativa. Se trata de realidades distintas, cada una de las cuales se caracteriza por su función específica, teniendo la facultad superior todas las cualidades de las anteriores más las suyas propias.

EL CONOCIMIENTO. 

Aristóteles piensa que hay una continuidad total entre el conocimiento sensible y el intelectual, el conocimiento sensible es el origen de todo conocimiento humano. El conocimiento sensible (alcanzado por los sentidos) es la base del conocimiento intelectual (alcanzado por la razón). Es decir, proporciona los materiales que van a servir para la elaboración del conocimiento intelectual, por lo tanto, cuando Aristóteles habla de la primacía del conocimiento intelectual sobre el sensible, se refiere a una primacía de importancia, no temporal. Lo universal se obtiene de lo particular mediante un proceso de abstracción: Cuando el ser humano capta por los sentidos un objeto, se crea una imagen individual del objeto en su materia, pero el entendimiento agente vuelca su actividad sobre esa imagen, descubriendo su forma. El entendimiento agente llena al acto la universalidad que está presente en la imagen. Después pasa la forma extraída de la imagen al entendimiento pasivo que consigue conocer lo universal.


ÉTICA:

Aristóteles afirma que cada actividad tiende a un fin, y que las actividades humanas persiguen fines muy diversos, pero el fin último del ser humano es la felicidad, puesto que esta se busca por sí misma, mientras que las demás cosas se buscan para tratar de alcanzarla. La felicidad se identifica con el amor, la fama, la riqueza y la salud, pero no reside en estas cosas, sólo es un medio para alcanzarla, ya que todas estas cosas son necesarias para poder ser feliz. Lo que de verdad proporciona felicidad es una realización que le es propia a cada individuo. La felicidad es saber vivir conforme a la virtud, la excelencia en la realización de la función propia.
Puesto que hay dos tipos de almas, hay dos tipos de virtudes. En relación con la parte apetitiva o volitiva, el alma se da la virtud moral o ética, que es el hábito de decidir lo mejor, para ello debe buscar el término medio adecuado entre dos extremos, uno por defecto y otro por exceso, que constituyen dos vicios. En relación con la parte pensante del alma hablamos de virtudes intelectuales, que pueden ser de dos tipos. Prácticas, la prudencia, que es la virtud que le dice al ser humano cuál es el término medio adecuado, marca el rumbo de la virtud ética o moral. Y virtudes intelectuales, como la contemplativa, a ella corresponden las actividades más elevadas del ser humano (razón), tiene como objetivo la captación de la verdad, la sabiduría. La sabiduría no sirve para nada más allá de sí misma, es un fin en sí misma (un bien), por eso constituye el fin más elevado al que el ser humano se puede dedicar, y la máxima felicidad.

POLÍTICA:

El ser humano es un ser social por naturaleza, posee lenguaje, la palabra, y puesto que la naturaleza no hace nada sin razón, que los seres humanos tengan palabra, debe tener alguna finalidad, que es diferenciar mediante el diálogo lo justo de lo injusto, y los valores morales, aspectos que sólo tienen sentido dentro de la sociedad, por tanto el hombre es un ser social por naturaleza. El hombre no puede ser insocial por naturaleza, ya no sería un hombre, sería o una bestia o un Dios. La polis, la ciudad estado es la sociedad "perfecta" autosuficiente, es posterior temporalmente al individuo, la familia y la aldea, aunque lógicamente es anterior a todas ellas (en cuanto a importancia), ya que "el conjunto es necesariamente anterior a las partes". Para Aristóteles lo más importante es que las ciudades proporcionen seguridad a sus habitantes para poder vivir bien. Establece tres tipos de organización posibles: monarquía, aristrocacia y democracia cuando se encargan del bien común, que se vuelven injustas y se transforman en: tiranía, oligarquía y demagogia cuando piensan en el bien propio.

domingo, 1 de noviembre de 2015

TEMA 1.

PLATÓN:

Platón.

EL SABER FILOSÓFICO. 

Platón, filósofo griego nacido en 427 a.C., escribió sus obras en forma de diálogo. En estos diálogos pretende defender la razón frente a la opinión, la superstición y los hábitos mentales aceptados comúnmente y que pese a presentarse como ciertos, son totalmente absurdos. El objetivo de su filosofía es político, organizar el Estado de acuerdo a la "verdadera filosofía", ya que sólo bajo ella se podrá alcanzar la "verdadera justicia", si por el contrario la sociedad se basase en la opinión, el Estado se corrompiría y reinará la violencia.

LA REALIDAD.

Platón está convencido de que esta verdad existe, puesto que el ser humano puede hacer ciencia, que consiste en un conjunto de conocimientos universales, inmutables y necesarios, necesariamente estos objetos que se conocen existen en la realidad, ya que si no estos conocimientos carecerían de valor y no podríamos conocerlo. Mediante la observación y la experiencia, el ser humano llega a concluir que en el mundo en el que vive, todas las  cosas son particulares, contingentes y cambiantes, es decir, que todo en este mundo se encuentra en continuo cambio, y que nada permanece igual.  Como ya había afirmado la existencia de unos objetos que no cambiaban, la ciencia, y puesto a que en este mundo donde vivimos todo cambia, Platón se ve obligado a duplicar el mundo. Estos dos mundos correspondían uno al mundo donde vivimos, el mundo sensible, donde se encuentran los objetos particulares, contingentes y cambiantes; y el mundo inteligible, donde se hallan estos objetos necesarios, universales e inmutables a los que Platón llama Ideas. A cada objeto del mundo sensible, le corresponde una Idea en el mundo inteligible, que es su esencia, los objetos del mundo sensible sólo son reflejo de las Ideas, las que constituyen la verdadera realidad, frente a estos objetos, que son una realidad de segunda clase, depende de las Ideas.
Las Ideas tienen una serie de características que las definen. Son objetivas, es decir, son realidades ideales auténticas, entidades sin cuya existencia sería imposible el conocimiento científico y que no dependen del sujeto o mente que las piense. Son también universales, mientras que los casos sensibles son individuales. Son inmutables e indivisibles, no cambian ni se dividen, al contrario que las cosas del mundo sensible. Son, a su vez, eternas, transcienden en el tiempo, y no existen ni en el espacio ni en el tiempo como las cosas sensibles. Y por último, las Ideas son jerarquizadas, y hay una Idea con un rango tan alto que las abarca a todas, es la Idea de Bien, ya que para los griegos, y recordamos que Platón lo era, el sentido de la vida humana es alcanzar el Bien. Platón establece una relación de causalidad expresada como imitación o copia entre los objetos sensible y las Ideas, que son trascendentes, "modelos" y "arquetipos ideales", de estos objetos sensibles, que no son más que meras "copias", "sombras" o "imágenes" de ellas.
Para explicar la existencia del mundo sensible, Platón introduce la figura del Demiurgo, que por ser sumamente bueno e inteligente, actuó sobre una materia informe y caótica que existía desde siempre, dándole forma, sirviéndose como modelo de unas Ideas que también existían desde siempre.

EL CONOCIMIENTO.

Platón afirma que el verdadero conocimiento, que tiene como objeto las Ideas, es recuerdo y no conquista o adquisición. Aprender es sinónimo de recordar, y enseñar equivale a "ayudar a recordar lo olvidado"
El conocimiento sensible es el que se obtiene a través de los sentidos, este tipo de conocimiento sólo proporciona opinión, Doxa, y en él no hay verdad puesto que sus objetos de conocimiento, las cosas, son contingentes, individuales y cambiantes. Sin embargo, existe otro tipo de conocimiento, el conocimiento intelectual, el verdadero, cuyo objeto de conocimiento es la ciencia, Episteme, y cuyos objetos, las Ideas son universales, necesarias e inmutables. No obstante, Platón distingue diversos grados en el conocimiento tanto sensible como intelectual, que son representados gráficamente en el "pasaje de la línea" (A-D-C-E-B). El segmento AC representa el conocimiento sensible, proporcionando opinión (Doxa) y posee dos subniveles,el primero es el segmento AD, que corresponde a la imaginación, es el conocimiento que el ser humano adquiere mediante conjeturas, reina la confusión y la imprecisión; el segundo es el segmento DC, que corresponde a las creencias, es el conocimiento del mundo sensible propiamente dicho, y conoce unas realidades que se encuentran en continuo cambio. El segmento CB representa el conocimiento intelectual, proporciona ciencia (episteme), posee también dos subniveles, el representado por el segmento CE, es el pensamiento, conocimiento, se obtiene cuando se razona y se va de las hipótesis a las conclusiones y se deducen. Y el representado por el segmento EB, el conocimiento, se obtiene cuando partiendo de las hipótesis y basándose sólo en las Ideas y no en las imágenes, se va al principio de las mismas, a un principio que no necesita de ninguna hipótesis, sino que es hipótesis de las demás; la Idea de Bien que, según Platón, es la Idea que se encuentra en la cúspide de la jerarquía, siendo la causa de que todas las demás "posean existencia y esencia". Para llegar a "recordar lo olvidado" hay que seguir un método que Platón denomina dialéctica, y que es el camino que va desde la imaginación al conocimiento. Una vez que el ser humano ha descubierto el principio de todas las Ideas, se halla en el camino que se ha de seguir para señalar a los seres humanos cómo hay que vivir para hacerlo justamente.

EL SER HUMANO. 

Para Platón el ser humano es un alma espiritual. El verdadero yo del hombre es el alma, el cuerpo no es más que su cárcel, unida a él accidentalmente, y que le impide alcanzar su verdadero destino. Aunque Platón distingue tres almas, sólo la racional, de naturaleza espiritual constituye el verdadero ser humano, las otras dos; la irascible y la concupiscible son propias del cuerpo y desaparecen con la muerte de éste. El alma racional, en cambio, es inmortal, no muere con el cuerpo, seguirá existiendo y también existía antes de unirse al cuerpo, ya que vivió en el mundo de las Ideas, lo que le permitió su contacto con las Ideas y el conocimiento verdadero que se debe recordar (Reminiscencia). Para defender esta teoría de la inmortalidad del alma, Platón utiliza el argumento de la simplicidad del alma. Sólo se puede disolver, y la muerte es disolución, aquello que está compuesto. Lo simple, y por lo tanto el alma ya que es espiritual, no se puede disgregar, no se somete a cambios.

LA ACCIÓN.

Platón insiste en la necesidad de que el ser humano se purifique, para ello debe seguir el ideal de comportamiento humano, que consiste en que el alma superior o racional dirija a las otras dos y se dedique a su actividad propia, el conocimiento.
Sólo mediante la sabiduría puede realizarse el ser humano plenamente y conseguir la felicidad. Pero para que el ser humano se dedique al conocimiento, necesita ser virtuoso en cierta medida. No existe pues una identificación total entre sabiduría y virtud.. La virtud es necesaria para la sabiduría pero no se identifica con ella. La virtud se necesita para alcanzar la sabiduría, y por consiguiente, la felicidad, consiste en el dominio del alma racional. Deducimos entonces que sólo la sabiduría puede perfeccionar al ser humano. Como la Idea de Bien es la causa de todas las Ideas y realidades sensibles, todas estas deben ser buenas. Sólo cuando el ser humano llega a conocer la Idea de Bien, puede obrar correctamente, convertirse en virtuoso y ser feliz.
Se basa en la teoría del intelectualismo ético, sólo bajo el conocimiento del Bien, puede obrarse bien. Según esta teoría el que sabe lo que es el bien, lo obra necesariamente. Y al revés, si alguien obra mal, es porque no conoce el bien, ya que nadie desea el mal para sí mismo.

LA SOCIEDAD.

Los sofistas planteaban una contraposición nomos-physis, entre las leyes y la naturaleza, como consecuencia defendían que la sociedad, la ciudad no era natural. Sin embargo, Platón se opone a esta teoría, siempre y cuando las leyes de la sociedad sea justa, nomos y physis se relacionan, no son opuestos.
El ser humano es un ser social por naturaleza, para Platón esta afirmación tiene tres significados. Por una parte, el ser humano tiene una naturaleza que le empuja a la vida social; por otra parte, el ser humano no puede alcanzar la Idea de Bien por sí solo, necesita vivir en sociedad para poder hacerlo; por último, significa que la organización de la sociedad tiene su fundamento en la naturaleza humana. Por lo tanto, si en el cuerpo había tres almas, en la sociedad hay tres estamentos: gobernantes, que al igual que el alma racional debe dirigir a los otros, guardianes y productores. La sociedad sólo será justa si cada uno de los estamentos cumple correctamente con su obligación. Los gobernantes deben organizar y dirigir la sociedad, deben ser elegidos entre aquellas que muestren una mayor voluntad de justicia y prudencia, y se les enseñará a desconfiar de lo sensible y a valorar lo inteligible. Estos gobernantes deben ser los filósofos, ya que son los únicos que, mediante el conocimiento, han contemplado la Idea de Bien, y por lo tanto, los únicos capaces de gobernar. Los guardianes tienen como función defender del Estado frente a sus enemigos, deben poseer fortaleza, y recibir una educación determinada, enseñándoles a reprimir sus apetitos y deseos, y no tener otro objetivo más que cumplir su función social. Por último los productores tienen como función conseguir los bienes de consumo necesarios en la sociedad, sus virtudes son la moderación y la templanza, y no requieren de una educación específica.

INTRODUCCIÓN.

BIENVENIDO.

En este blog, dos estudiantes nos disponemos a explicar de una manera clara, directa y sencilla la Historia de la Filosofía de Segundo de Bachillerato, para la fácil comprensión y aprendizaje de los futuros estudiantes que se tengan que enfrentar a ella.
Suerte!

Los datos han sido redactados en base al libro de Historia de la Filosofía de la editorial Laberinto.