SAN AGUSTÍN DE HIPONA:
RAZÓN Y FE:
San Agustín de Hipona es un religioso filósofo de la Edad Media, durante esta época se plantea un problema, la relación entre razón y fe, si una persona es creyente, y gracias a su fe puede contestar todas las preguntas existenciales que propone la filosofía, ¿tiene sentido que se dedique a la razón?¿Y si la razón y la fe proporcionan respuestas diferentes? San Agustín resuelve este problema afirmando que razón y fe tienen ambas como misión común el esclarecimiento de la verdad única, la cristiana. Para conocer la verdad cristiana, razón y fe colaboran, la razón ayuda al ser humano a alcanzar fe, ya que ésta debe ir siempre precedida de un trabajo de razón, después la fe orienta e ilumina a la razón, y finalmente la razón contribuye al esclarecimiento de los contenidos de la fe, la filosofía ayuda al creyente a profundizar en la fe, permitiéndole alcanzar la filosofía. Como conclusión San Agustín expone: "Comprender para creer, creer para comprender.", que expresa perfectamente la colaboración fe-razón.
EL SER HUMANO:
San Agustín para hablar del ser humano se basa en la visión platónica de éste, el auténtico yo es el alma, el cuerpo es una cárcel, aunque como creyente "sabe" y se ve obligado a afirmar que el ser humano es unidad de cuerpo y alma.
Piensa que hay dos grados esenciales distintos de realidad. La realidad que no admite mutación y la que cambia. Dios, en el que no hay cambi ni mutación, y el mundo de las realidades creadas en el que sí se da el cambio. Dentro de este mundo hay dos tipos de cambio, las realidades que cambian en el espacio y en el tiempo, como el cuerpo; y otros que sólo lo hacen en el tiempo, como el alma, que constituye una realidad entre lo mutable y lo inmutable, de ahí su primacía con respecto al cuerpo. Ya que esta se relaciona con la divinidad, manda al cuerpo y se manda a sí misma. Para llevar a cabo esta relación con la divinidad, intervienen: la razón superior que comunica el alma con la divinidad; y la razón inferior que informa al cuerpo y entronca con la divinidad. El modo de ser de cada individuo tiene su origen en el alma, la cual posee tres facultades: memoria, entendimiento y voluntad. El nacimiento de cada ser humano es original e irrepetible, y por su origen es bueno, aunque defectuoso por el pecado original, y el ser humano se encuentra inclinado hacia el mal.
CONOCIMIENTO:
San Agustín piensa que un conjunto de estímulos modifican un órgano sensorial produciendo percepción. Esa modificación no llega al alma ya que eso supondría que lo inferior puede influir en lo superior y no es así. Pero el alma percibe esa modificación que se ha producido en los sentidos y elabora de su propia sustancia una imagen semejante a la del objeto. Este tipo de conocimiento se caracteriza por su inestabilidad, por lo que no constituye el conocimiento auténtico que se caracteriza por ser universal, necesario e inmutable. Existe, pues, otro conocimiento, que es el conocimiento verdadero, se trata del conocimiento intelectual, llevado a cabo por el entendimiento humano, y que consiste en la captación de verdades universales, necesarias e inmutables. Ya que el ser cristiano no puede recurrir como Platón a una vida del alma anterior a la unión con el cuerpo, admite que en el interior del ser humano hay una realidad necesaria, inmutable y eterna, Dios que es la fuente del conocimiento intelectual. El ser humano conoce las verdades necesarias, inmutables y universales por una iluminación divina, se las revela Dios, es la llamada teoría de la iluminación.
En el alma hay que distinguir entre Razón Inferior, que informa al cuerpo y entronca con la mutabilidad, que tiene como objeto la ciencia del entorno físico y mutable. Y la Razón Superior que se comunica con la divinidad y que tiene como objeto lo inteligible, las Ideas con el fin de poder elevarse hasta Dios. Esta razón superior es la encargada de comunicarse con la divinidad, y donde se produce la iluminación. Es pues, previo y necesario para el conocimiento de Dios. Este conocimiento auténtico lleva al ser humano más allá de sí mismo, hace que auto-transcienda en un proceso que tiene tres momentos: el apartarse del mundo material, adentrarse en el alma y el salto a la transcendencia, a Dios.
LA REALIDAD:
El Dios de Agustín de Hipona se presenta como una realidad a la vez íntima y trascendente al pensamiento y con presencia en el interior del ser humano "Dios es más íntimo al ser humano que el ser humano mismo" la prueba de la existencia de Dios es la presencia en el ser humano de verdades universales, necesarias e inmutables, puesto que ellas exigen la existencia de un ser de sus mismas características que explique su origen.
Este Dios del que hablamos, ha creado el mundo, caracterizado por el orden, en el que vivimos. Dios contiene externamente en sí los modelos arqueotipos de todos los seres posibles, por lo que para crear el mundo, Dios no ha tenido más que quererlo, decirlo y hacerlo, de una vez, sin sucesión de tiempo, ya que esta categoría pertenece al mundo creado pero no a él.
Este Dios del que hablamos, ha creado el mundo, caracterizado por el orden, en el que vivimos. Dios contiene externamente en sí los modelos arqueotipos de todos los seres posibles, por lo que para crear el mundo, Dios no ha tenido más que quererlo, decirlo y hacerlo, de una vez, sin sucesión de tiempo, ya que esta categoría pertenece al mundo creado pero no a él.
ÉTICA:
El ser humano se caracteriza por una actitud de búsqueda que le lleva a autotrascencerse, se da en el ámbito del saber, permitiéndole descubrir a Dios en su interior y permitiéndole llegar al bien. Ese impulso se da también en el ámbito del querer, de la voluntad.
El ser humano busca la felicidad, pero no la puede encontrar en sí mismo, por eso se ve obligado a autotrascenderse también en este ámbito, ya que sólo algo puede suprar a él, Dios le puede hacer feliz. Pero el ser humano es desde su nacimiento, libre, debe elegir libremente si seguir a Dios, llegando a ser feliz, o seguir bienes mutables como objetivo de su vida en lugar de tender al bien inmutable, alejándose así libremente de la felicidad. Esta libertad humana da origen al mal. El mal no es una realidad positiva, si no una privación, ausencia de bien, al no ser algo real, no puede tener su origen en Dios, si no, como ya se nombra antes, en la libertad.
SOCIEDAD:
Agustín de Hipona adopta ante la historia una perspectiva moral. El objetivo del ser humano en la vida es buscar la felicidad, que puede buscar, acertadamente, en Dios, o en bienes mutables, así puede distinguir dos clases de personas. Las que "se aman a sí mismos hasta el desprecio de Dios" y lo que "aman a dios hasta el desprecio de sí mismos". Los primeros constituyen la ciudad terrenal, en la que se busca el bien común, pero renegando de Dios. Y los segundos configurar la cuidad celeste, en la que se buscar el amar a Dios y la felicidad en él. Estas dos ciudades no se encuentran separadas, ni se relacionan una con la Iglesia y otra con el Estado, sino que se encuentran mezcladas en todas las sociedades. Los Gobernantes de las ciudades deben encargarse de organizar la convivencia entre los ciudadanos de manera pacifica, y tratando que todos tengan acceso a los bienes temporales. Deben tratar a los súbditos como hijos, y comprender tres funciones mandato, permisión, y consejo. Ambas ciudades tienen un fin último o bien supremo, la paz, que es un bien por sí misma, deseada por todos los seres humanos. Ya que el ser humano además de ser social por naturaleza, busca la paz también por naturaleza. La diferencia entre los dos ciudadanos en relación con la paz radica en que mientras que la ciudad terrenal la busca como un fin en sí mismo, la ciudad celestial, la busca como medio para alcanzar a Dios, la paz eterna y la redención.


